DRIVER'S RACER (3)

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Capítulo III: PILOTO Y COPILOTO

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El taller mecánico, propiedad enteramente de Negan y que éste había levantado a base de apuestas ilegales, era un sitio pequeño, pero moderno, de altas paredes de tabique rojo y en cuyo portón se veía escrito con letras rasguñadas Mist Racer. La motocicleta bramó como anunciando su llegada un momento antes de detenerse delante del taller, y casi enseguida Jesús se soltó del abrazo a Dixon, bajando un segundo antes que el propio moreno, todavía sintiendo que las piernas le temblaban de los nervios, el pelinegro había manejado su motocicleta a poco más de ochenta kilómetros por hora y Paul ya sentía que se ahogaba y que derraparían en cualquier instante, simplemente no comprendía cómo es que Daryl mantenía los nervios para manejar un vehículo a casi doscientos kilómetros por hora sin siquiera parpadear... Entraron al taller y casi enseguida los invadió el sonido de rock progresivo, algo cantado en una especie de inglés antiguo con ese ambiente casi vikingo de percusión.

En el interior, la pálida luz brillante parecía querer complementar al mundo exterior. Era el último día de agosto y había amanecido lloviendo, el coletazo de las depresiones tropicales, decían algunos... Algunos muebles inmensos, máquinas de última tecnología, se hallaban empotradas contra las paredes laterales, había una oficina de cristal al fondo del taller y más allá, detrás de la única puerta, se escuchaba el sonido de alguien soldando algo.

Apenas entraron, una despampanante pelirroja de pechos enormes y con ropa de taller, aunque demasiado escotado, vino donde Daryl saludándolo con un beso en las mejillas, manchándolo descaradamente de labial, y le advirtió que Maggie estaba de visita. El moreno hizo un gesto, entre divertido y fastidiado, lanzó una mirada a Paul para que lo siguiera y ambos continuaron caminando... Maggie era, le dijo, la manzana de la discordia.

Glenn, el chico que se encargaba de dar mantenimiento al carro, estaba enamorado de Maggie, lo mismo que Dante, el que se encargaba de tunear el vehículo y mantener los diseños de los patrocinadores justo como querían... Maggie estaba enamorada de Glenn, pero el coreano no se enteraba de lo embobado que estaba por la chica y Dante esperaba aprovechar su estupidez para hacer un movimiento y conquistar a la chica.

—La chica de antes es Isabel, mecánica, igual que Rosita —siguió explicando—, y también Tara, la de las gafas de corazón con manchas de grasa —la señaló—. Lesbiana trabajando entre Isabel y Rosa, la pobre tiene mucho pan y no puede tragarlo —se rio con aire mordaz. Hasta donde Rovia sabía, Daryl había tenido una noche con Rosita, ambos borrachos y frustrados de la vida, y probablemente con Isabel, a juzgar por esos besos peligrosamente cerca de la boca.

Finalmente apareció delante de ellos una preciosura de cuatro ruedas. Rovia no sabía nada de coches, pero incluso él sabía que estaba delante de una verdadera belleza motorizada. Un carro elegante, estético, rojo con franjas amarillas a manera de llamas.

Las estampas de los cinco patrocinadores se miraban entre los juegos de flamas ardientes, y en la parte trasera, visible, en tinta laca negro brillante «M1VII», el número con que había sido registrado el carro para la siguiente competencia.

Daryl se llevó los dedos a los labios y silbó. Casi al instante, un muchacho extremadamente joven salió gateando desde dentro del carro, con una sonrisa tan inmensa que pareció un niño al que visitaba Santa.

—¡Daryl! —saludó Glenn con gusto infantil, pero fue la chica que estaba con él la que bajó del vehículo y vino casi corriendo a saludarlo.

—Ey, Maggs —la saludó el hombre, atrapándola cuando la chica le saltó encima. Glenn miró la escena con aire entrañable, era obvio que adoraba a esta joven, mientras que Dante, en la parte trasera terminando con uno de los parches, sólo bufó derrotado sabiendo que, si el corredor entraba a la carrera, ni él ni Glenn tenían oportunidad, o al menos eso pensó.

JESURYLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora