OLD RUST BOY (4)

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UNHURT

Merle entró en la casa con la naturalidad de quien no ha estado ausente por dos largos meses.

Incluso tuvo el atrevimiento de ser él quien mirase la escena como si estuviera pasando algo realmente raro e inesperado en su piso. Era la primera semana de marzo, el clima había mejorado completamente y la sala no se parecía demasiado a la que él había abandonado dos meses atrás.

Cierto moreno se paseaba en camiseta y pantalón de pijama a la cadera haciendo un poco de quehacer a pesar de que el reloj (una horrible gallina de bronces que movía la cresta) marcaba que faltaban cinco minutos para las once. Todavía olía a un desayuno que había ocurrido una hora atrás, con huevos con mantequilla, pan tostado y mantequilla de maní.

—Vaya, tú, hola —lo saludó Jesús, demasiado casual, usaba tan sólo una playera de rock oscura que claramente le quedaba grande y no era suya, sino del moreno, caminando por la sala ayudando a Daryl a poner un poco de orden en lo que Merle comenzó a hacerse una idea de lo que ocurrió.

—¿Cogieron en la sala? —refunfuñó.

—Dormimos en la sala —corrigió Jesús y—: sólo follamos en la habitación, tranquilo.

Las venas del cuello de Merle se sobresaltaron cuando apretó la mandíbula al escuchar aquello, sin embargo, no se movió ni un solo milímetro y mirando ahora al moreno, para ignorar plenamente a Paul, le preguntó por Bibie, sólo entonces el castaño se percató de que Merle llevaba una pequeña maleta de bebé en una mano e iba vestido como... trailero. El pelinegro también debió notarlo, porque se tragó una sonrisa que amenazó con estirarle los labios, y cruzándose de brazos le dijo que había tenido consulta médica y, además, llevó la ropa a la lavandería.

—Ahora que volviste será mejor que te lleves bien con Kara —le advirtieron los chicos.

—¿Quién mierda es Kara? —espetó Merle.

—La mejor amiga de tu mujer —respondieron ellos—. En cuanto supo que te largaste no ha parado de estar al pendiente de Bibiana para absolutamente todo.

—Fue quien la llevó hoy a la cita médica —dijo Daryl y señaló con la vista la maleta de bebé, era una preciosura de suave tela blanca con la imagen bordada de una casa y un montón de bellotas. Un pequeño muñeco de ardilla asomaba la cabeza por una bolsa lateral.

—¿Se puede saber en dónde has estado? —quiso saber Jesús.

—¿Qué es eso? —añadió el moreno refiriéndose a la maleta, estirando una mano para agarrarla, y Merle se la alcanzó al mismo tiempo que atravesó la sala para ir a la cocina por una lata de cerveza, algo indispensable en una casa Dixon en épocas de calor.

—Fui a Drywood para llevar una estúpida carga de casi dos toneladas —respondió desde la cocina. —Puto viaje de más de nueve días, pero Pinne paga bien y dijo que le urgía—: lo escucharon remover el refrigerador y quejarse al descubrir que no había cerveza alguna.

Volvió a la sala sacando dinero de su bolsillo y se lo dio a Daryl sin decir una sola palabra. Asintió en entendimiento, sin embargo, continuó mirando la maleta y lo que había en su interior, escuchando a Merle y su relato—: Luego el imbécil de Pinne me llama a la estación de allá y me dice que cargue lo que me den y lo lleve a Foxwood River, más días de carretera y descargar para que me paguen y luego volver a cargar.

—Pinne dijo que me puedo quedar con el jodido trabajo —dijo, sin embargo, y una nota de orgullo se le escapó por la rasposa voz. Luego de haberse enojado se había ido a emborrachar, pero mientras bebía conoció a un camionero que estaba hablando sobre Pinne y como terminó bebiendo con Merle hasta vomitar, mientras hablaban de putas y problemas con sus esposas y el maricón que nunca faltaba que tipos como esos conocieran, el tipo lo presentó con Pinne y lo puso a prueba con el trabajo.

JESURYLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora