FRAMBOISE (2)

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[3] La cafetería era como un pequeño restaurante en el edificio central donde siempre parecía haber la misma cantidad de personas y de mesas vacías.

Había máquinas expendedoras, barra de bebidas, menús que se dividían en desayunos, comidas y cenas, además de una sección donde se vendían todo tipo de golosinas: para los estudiantes y alumnos, las comidas completas costaban apenas más de seis dólares e incluía la bebida y el postre.

Los martes era de bufet. De cualquier modo, ese día no era martes ni ellos acostumbraban a comer en la cafetería habiendo pequeños restaurantes a las afueras del campus universitario.

Pero era el último día de agosto y el cumpleaños número dieciocho de Víctor, de modo que decidieron pasar a la cafetería antes de ir al colegio y comprarle uno de los pasteles de helado que vendían en los refrigeradores, algunas bebidas y desayunar todos juntos por esta vez.

Era una mañana estupenda, insolente y soleada, ardiente debajo del sol. La mañana, brillante, pero en Ohio jamás hacía demasiado calor, igualmente el desayuno de pastel helado les pareció una gran opción mientras cantaban el Feliz Cumpleaños a su amigo. Verónica fue a la caja para pagar el consumo y Chad y Rovia fueron con ella todavía hablando de lo injusto que era que los cumpleaños cayeran en viernes cuando el cumpleañero tenía clases sabatinas, de modo que no lo podían celebrar a la noche, y mientras Víctor aseguraba que por él estaba bien esperar al sábado para celebrar apropiadamente, con Chad entusiasmado haciendo planes para entonces, todos voltearon a mirar a Paul que parecía estarlos ignorando. El joven recorría con la mirada el cartel del menú de bebidas, tan atento que daba la impresión de estar cazando una liebre.

Chad se burló de eso y le preguntó si buscaba alguna bebida en especial, porque allí no vendían nada con alcohol. Rovia, ajeno a ellos y atento a la lista de bebidas, murmuró simplemente que estaba buscando una bebida con sabor a frambuesa, Feux Framboise, propuso Sarah con su mejor francés.

La chica señaló el sitio y Jesús sonrió.

Todavía podía saborear la frambuesa de la bebida del día anterior.

Los amigos, sin embargo, lo miraron enarcando una ceja.

No era un secreto que Jesús no era fanático de los sabores dulces y, mucho menos, de los afrutados. No es para mí, fue su única respuesta, y compró uno para llevar. Los amigos intercambiaron miradas mientras caminaban, por esta vez, detrás de Rovia, quien parecía ligero de pasos mientras se dirigían al salón; Chaddler seguía contando algo sobre los entrenamientos de karate que estaba viendo y el profesor Dixon, aunque Paul simplemente no le puso atención.

Tenía los nervios a flor de piel, aunque se repitió a sí mismo que esto era un simple gesto de agradecimiento, y para cuando entraron, Chad corrió a la que ya consideraba su silla por quedar precisamente delante del maestro y Jesús fue a colocar la bebida en el escritorio.

Estaba colocándolo, cuando el profesor entró mascullando un mugiente morning que a todos les sacaba una sonrisa por su exagerado acento sureño.

Jesús se volvió hacia él, todavía con el vaso entre las manos, y tratando de parecer casual, le alcanzó la bebida diciendo Feux Framboise, con el peor de los franceses que él mismo hubiera escuchado nunca.

—Me queda claro que no aprendiste francés en Canadá —la rasposa burla del maestro mientras tomaba la bebida con una de sus anchas manos y con la otra acarició los cabellos de Rovia, revolviéndolos y—: No te estoy dando puntos por esto.

Jesús le enseñó la lengua. Pero sonrió en el proceso, luego simplemente se fue a su silla, a la derecha de Chaddler, y tomó la clase con naturalidad, apuntando todo lo que el maestro decía y tratando de no mirar demasiado el trasero del maestro cuando se volvía para escribir en el pizarrón.

JESURYLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora