THE BÚNKER (2)

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CAPÍTULO 3

Lo que sucedió allá afuera no pudieron saberlo, porque se mantuvieron encerrados.

Durante los siguientes días, imposible contarlos aunque el moreno calcularía muy exactamente cuatro días dentro del refugio, Paul se encargó de revisar las cajas con armas desarmándolas, limpiándolas, armándolas de nuevo y revisando el cargamento de balas, mientras su esposo montaba guardia tranquilamente contra la escotilla del escondite, poniendo su mano contra la misma para tratar de adivinar la temperatura, cerciorarse si seguía vibrando y, en cierta ocasión, aseguró que estaba cayendo un diluvio y rogando que el agua no se filtrara, lo que no sucedió, por suerte... En aquellos mismos días, John tuvo muchas preguntas y Paul se negó a darle ninguna respuesta.

John Bradley no era el único demente obsesionado con el apocalipsis, le aseguró e moreno en algún momento. Simplemente que hay gente que piensa en la propia supervivencia y dementes como Grimes que piensan en la supervivencia de la gente. No era un loco del Juico Final como la mayoría de estadounidenses, tenía carisma y tenía razones para pensar en lo que decía.

—¿Reclutaba gente para prepararlos para el fin de los tiempos? —casi se había burlado John. Rovia se preguntó con qué derecho le parecía gracioso eso, sin embargo, negó con la cabeza; Grimes no reclutaba gente, conocía gente, hacía amigos, los convencía de su locura y terminó creando un club de pendejos que usaba el pretexto del apocalipsis para reunirse cual boy scout hasta que el club de imbéciles se convirtió en una familia. Paul era un huérfano sin amigos reales y con parejas potencialmente estúpidas, no creaba lazos reales y en cambio encontraba agradable la adrenalina de hurtar gente, asaltar personas, tomar artes marciales de todo tipo y trabajar medio tiempo en una galería de arte donde se especializó en pintura.

Un día Paul conoció a Maggie y Maggs lo invitó a las reuniones con sus amigos en los campamentos de verano que se montaban por días o semanas incluso si no estaban en verano.

"¿Y qué se supone que hacen en su campamento de verano?", se había burlado Jesús, y rio gratamente cuando su nueva mejor amiga le dijo "Prepararnos para el fin del mundo, claro".

—Cuando me uní a los campamentos ellos ya eran no menos de una decena de tarados planificando muchas maneras de que el mundo se vaya al diablo y me uní fácilmente al juego, y ahí conocí a este grandullón —agregó frotando su nariz juguetonamente contra la mejilla de Daryl.

Daryl ya tenía como parte del grupo de inadaptados al menos cinco años, era una especie de macho alfa y bestia cazadora del equipo. Su historia de superviviente comenzaba a los once años cuando comenzó a tener que salir a cazar al bosque para tener comida, cuando se agarraba a golpes con los niños mayores de su barrio para que no lo molestaran, y cuando aprendió a camuflarse con el bosque para que su padre no lo moliera a golpes si lo encontraba.

El pelinegro era cazador, rastreador, experto en supervivencia en la vida salvaje, sabía de plantas medicinales, de trampas para animales, de campamentos, le temía más a bañarse que a ensuciarse, no dudaba en llegar a los golpes cuando era necesario y en su tiempo libre trabajaba en una cocina primero como ayudante del chef y a la muerte del chef quedó como jefe de cocina: así que también sabía hacer conservas, improvisar con alimentos silvestres para hacer verdaderos menús y preparaba la parrillada en los campamentos de la familia... Paul presintió que le gustaban los hombres desde el primer momento en que fueron presentados, aunque nunca nadie le conoció pareja, y decidió que quería llevárselo a la cama la primera vez que lo vio volver del bosque, herido después de una tormenta demencial y salir a buscar a la familia que no aparecía, todo lleno de lodo, escurriendo porquería, salvaje y atroz, pero sin camisa dejando ver los brazos y el pantalón pegado dejando poco a la imaginación. ¿Asunto?, no sabía si le gustaban los chicos, hasta que una tarde a principios de una primavera lo interceptó en el medio de un paseo por los montes Apalaches siguiendo el rastro de un skinwalker, y encarándolo como si fuera a buscarle pelea, le dijo que le gustaba y que esperaba que lo tomara en cuenta, que no confundiera sus coqueteos con simple amabilidad, estaba tratando de gustarle.

JESURYLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora