Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
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【El Dementor】
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Había tres cosas de las cuales Harry disfrutaba en vacaciones: jugar Quidditch con Ryan, visitar a sus amigos y hablar con su madrina.
Terra tenía una habilidad especial para contarle historias de una manera en la que él sintiera que estuvo ahí sin estarlo, como cuando le hablaba de su padre.
-Terminó cayendo por las escaleras al escapar de Minnie- contaba entre risas. Esa tarde-noche, ambos paseaban por el jardín de la mansión Grindelwald -Estuvo en la enfermería durante dos días. Y ni así pudo escapar del castigo.
Harry la escuchaba fascinado; cada cosa que ella le contaba de su padre lo hacía sentir más cerca de él.
-¿Se metía mucho en problemas?- preguntó con genuina curiosidad.
-Creo que conocía más la oficina de Dumbledore que su propio cuarto- bromeó, haciendo al pequeño sonreír -. Tú te pareces mucho a él, ¿Sabes? No solo en apariencia. Tienes ese encanto que él decía que tenía- Harry jugó con su anillo con símbolo de un ciervo ese que le había dado el duende en Gringotts cuando tenía once años -Y su habilidad para meterse en problemas, sin duda- agregó con diversión.
Harry sintió una calidez extraña en su pecho, como si parecerse a su padre fuera un halago, pero a la vez un insulto.
Se preguntó a sí mismo si Terra pensaba que tenerlo a él era como volver a tener a su amigo.
-Ya deberíamos volver- habló la Lady, observando el oscuro cielo -. Se hace tarde y mañana debemos levantarnos temprano para ir a la estación.
El pelinegro asintió, estando de acuerdo.
-Iré a ver si tengo todo listo para mañana- avisó.
Se dispuso a irse, pero al dar la vuelta para entrar a la mansión, Terra lo tomó dulcemente del brazo, devolviéndolo a su lugar. Cuando Harry quiso preguntar si sucedía algo, se vio interrumpido por el tierno beso de la mujer en su frente.
-Te amo, mi perfecto ahijado- le dijo con un cariño que vio en sus ojos.
Harry sintió su pecho oprimirse; había visto aquel cariño en la manera en la que miraba a su hijo o a su ahijada. Sintió que no estaba completamente solo, que ahora tenía una madre.