Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—ASOMBROSO. Verdaderamente asombroso. Fue un milagro que todos quedaran con vida. Menos que usted se encontraba allí, Snape...
—Pues verá, señor Ministro...
—Orden de Merlín, Segunda clase, diría yo. ¡Primera, si estuviera en mis manos!
—... Muchísimas gracias, señor Ministro.
—Tiene una herida muy fea. Supongo que fue Black.
—No.
—¿Entonces... quién fue?
—Fueron los Potter, Weasley, Granger, Grindelwald y el hijo de Lady Adhara.
—¡No!
—Black los había encantado. Me di cuenta enseguida. A juzgar por su actitud, debió ser un hechizo para confundir. Incluso el hijo de lady Adhara intentó defenderlo cuando los encontré. Me parece que todos creían que existía una posibilidad de que fuera inocente. No eran responsables de lo que hacían.
—¿Sabe, Snape? Todos nosotros hacemos un poco la vista gorda en lo que se refiere a los Potter.
—Personalmente, intento tratarlos como a cualquier otra persona.
—Los chicos han sido traviesos, sin duda.
Lilith escuchaba todo acostada, con los ojos cerrados, completamente aturdida. Las palabras que oía viajaban muy lentamente hasta su cerebro, de modo que le costaba mucho esfuerzo entenderlas. Sentía sus hombros como si estuvieran hechos de plomo. Sus párpados eran demasiado pesados para levantarlos.