Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
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Luz sabe algo
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HABÍAN pasado exactamente diez minutos desde que Leo había entrado a la biblioteca y todavía no había logrado proferir palabra.
La conversación tenida con Ryan la noche anterior lo había ayudado a darse cuenta de lo mal que había tratado a todos. Estaba herido, furioso, traicionado, pero eso no justificaba la manera tan horrible en la que se comportó.
Sobre todo con Hermione.
La niña solo se había preocupado por su bienestar y él le había dicho horribles palabras de las cuales se arrepentía.
Lo cual lo llevaba a su situación actual. Se encontraba a tan solo un par de pasos de la mesa en la que Hermione leía tranquilamente. Estaba decidido a disculparse, arrodillarse si era necesario. Todo para recuperarla, porque ella era la persona más importante que tenía en su vida, la que llenaba de alegría su mundo, la primera en consolarlo cuando fue llamado "heredero de nada" hace dos años.
Exhaló profundamente, armándose de valentía, y se acercó cuidadosamente a la castaña.
—Mione— la llamó suavemente, tan bajo que, de no haber sido por el silencio que habitaba normalmente en la biblioteca, ella no lo hubiese escuchado.
La Granger levantó tranquilamente la cabeza al ser llamada, frunciendo el entrecejo al ver de quién se trataba.
Leo se mordió el labio con nerviosismo, casi lastimándolo. Hermione lo miraba con ojos heridos, y eso lo destruía.