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Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta

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Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta

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EL silencio que siguió fue sepulcral. Nadie se movió. Nadie habló. Como si toda la tensión del aire se hubiera disipado para dejarle paso al asombro tras aquella noticia.

¿Leo... el hijo de Lupin?

Lilith lo observó, luego a Lupin, luego a Leo de nuevo.

Viéndolos bien, sí tenían un parecido. Leo poseía el mismo cabello castaño, solo que sin las hebras plateadas. Los mechones caían sobre su frente de la misma forma desordenada. Sus ojos compartían un pequeño brillo, la misma mirada.

Incluso sus facciones coincidían: la misma nariz recta, los pómulos ligeramente marcados y la forma delgada de su rostro.

Solo el color de sus ojos, azules como el cielo despejado, se diferenciaba de los del profesor, que eran de un ámbar encantador.

—¿Lupin es tu qué? —murmuró Harry; su rostro se volvió pálido.

—Hermione está acertando mucho menos que de costumbre —dijo Lupin, con los cristales formándose, dirigiéndose al castaño menor—. Me temo que solo una de tres. No es verdad que haya ayudado a Sirius a entrar en el castillo, y te aseguro que no quiere matar a los mellizos. No podría hacerle eso a mi ahijada —se estremeció visiblemente—. Pero no negaré que soy un hombre lobo.

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