Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
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La final de quidditch
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—Me envió esto —dijo Hermione, entregándoles la carta.
Lilith la tomó. El pergamino estaba húmedo: las gruesas lágrimas habían borroneado la tinta tanto que la lectura se hacía difícil.
Querida Hermione:
Perdimos. Me permitirán traerlo a Hogwarts, pero van a fijar la fecha de la ejecución. A Buckbeak le gustó Londres. Nunca olvidaré toda la ayuda que nos dieron tú y Bia.
Hagrid.
—No pueden hacerlo —dijo Harry—. No pueden. Buckbeak no es peligroso. —Lilith asintió, estando de acuerdo con su hermano.
—Los McKinnon consiguieron aterrorizar a la Comisión para que tomara esta determinación —dijo Hermione secándose los ojos—. Son unos viejos imbéciles y los asustaron. Pero podremos apelar. Siempre se puede. Aunque no veo ninguna esperanza... nada cambiará.
—Sí, algo cambiará —una voz los interrumpió.
Por el pasillo, Leo venía acompañado del resto del grupo. Ryan estrechaba a Bia por los hombros, quien lloraba mientras era consolada por su rubio primo.