Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
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【Hogsmeade】
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LILITH AGRADECÍA CON TODO SU CORAZÓN LOS BUENOS AMIGOS QUE TENÍA, quienes siempre estaban allí para apoyarla, quienes entendían que había cosas de las cuales no quería hablar, como lo que pasó en la clase de Defensa. Desde ese día, no se había vuelto a tocar el tema de su tía, es más, intentaban ignorarlo.
A diferencia del resto del mundo. Odiaba que por donde pasaba siempre había alguien que la señalara, que susurrara sobre ella. ¡Ni siquiera disimulaban!
—¡Ahí tienen a la niña que vivió!— había dicho Bruno Abbott, durante el almuerzo del día siguiente, cuando ya se había corrido la voz de lo que había pasado —Asustada por un simple boggart.
Lilith odiaba eso. Odiaba que por solo haber estado presente en la caída del innombrable no debía sentir miedo, ¡por Salazar, tenía solo trece años! Podía asustarse, todavía era una niña. Pero algo que más odiaba era no poder ignorar esos comentarios.
Ya habían sido unas cuantas noches en las que no podía dormir pensando en lo que decían, en las que se encerraba en el baño a llorar en silencio, en la que las palabras la perforaban, incrustándose en su cabeza y haciéndola creer que tenían razón.
—Lo detesto— murmuro aquel día en su cuarto.
Hermione, Ginny y Melissa se encontraban en el Gran Comedor para el almuerzo, pero ella había subido a pasar un tiempo con su huevo de dragón y su querido Maylou. Acariciaba con cuidado la suave melena del gato, quien descansaba tranquilamente en su regazo.
—Lo detesto tanto, ¿por qué me afecta tanto lo que dicen?— se preguntó a sí misma, sintiendo como las lágrimas se formaban en sus ojos avellana —¿por qué me tratan así? Solo soy una niña, igual a ellos, ¿por qué ella me hizo eso?— su voz se quebró.
Maylou, como si tuviera un radar para saber cuándo ella se encontraba mal, se enderezó maullando. Con una de sus patitas golpeo su mano izquierda, como si estuviera dándole una especie de consuelo.