Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
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El vasallo de lord Voldemort
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HERMIONE dio un grito. Black se levantó de un salto, como si hubiera sufrido una descarga eléctrica.
—Encontré esto al pie del sauce boxeador —dijo Snape, arrojando la capa a un lado y sin dejar de apuntar el pecho de Lupin con la varita—. Esperaba que se mantuvieran alejados de esto. Pero supongo que, al igual que sus padres, ninguno puede mantenerse alejado de los problemas.
Snape estaba casi sin aliento.
—Tal vez se pregunten cómo supe que estaban aquí —dijo—. Acabo de ir a tu despacho, Lupin. Te olvidaste de tomar tu poción esta noche, así que te llevé una copa llena. Fue una suerte. En tu escritorio había cierto mapa. Me tomó un vistazo para saber todo lo que necesitaba. Te vi correr por el pasadizo.
—Severus... —comenzó Lupin, pero Snape no lo oyó.
—Quería creer que no estabas ayudando a Black a entrar al castillo. Pero aquí está la prueba. Ni siquiera se me ocurrió que utilizarían este viejo lugar como escondrijo.
—Te equivocas, Severus —dijo Lupin, hablando de prisa—. No escuchaste todo. Puedo explicarlo. Sirius no vino a matar a los mellizos.
—¿Para qué vendría, si no? —habló Snape, con los ojos llenos de odio—. Dos más para Azkaban esta noche.