Había una vez, una princesa pelirroja prisionera en un armario debajo de la escalera.
La princesa vivía en un castillo que no era suyo. Con un sufrimiento que no debería. Hasta que un día, un semigigante apareció en la puerta de este, tiñendo su des...
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【El bosque prohibido】
Ryan:
Sabía que algo así podía pasar.
Podía haberme negado desde el principio.
Pero ¿Por qué hacerlo?
Si tengo la oportunidad de ayudar a un dragón ¿Por qué negarme?
Filch nos introdujo a la oficina de la profesora McGonagall dónde se encontraba la niña que habla mal hasta de su propia sombra, Melissa Black.
El conserje lanzó a Lilith contra una de las mesas con brusquedad.
—¡Tratarla bien, idiota!— exclamé forcejeando.
—¡Silencio!— la profesora McGonagall venía detrás de nosotros y en cuanto dejo libre a los niños, Hermione tuvo que detener a Harry para que no se lanzará sobre Filch —Puede soltarlo Filch— el conserje me dejo libre para luego irse —¡No puedo creerlo, señor Grindelwald! ¡Veinte puntos menos para Slytherin! ¡Estar vagando por los pasillos fuera del horario-!
—Pero profesora— interrumpió Harry, que revisaba si Lilith se había hecho daño.
Será mejor que Lilith no tenga un solo rasguño si Filch quiere seguir con vida.
—¡Pero nada, Potter!
—Profesora, nosotros…— Hermione parecía estar a punto de largarse a llorar, temblaba como si de un papel se tratara. Me recordaba un poco a Leo cuando su mamá se enoja con él.
—Estoy disgustada— dijo la profesora —Cinco alumnos fuera de la cama en una noche ¡Jamás he oído una cosa así! Usted Granger, pensé que tenías más sentido común. Y en cuanto a ustedes, Potter's, creí que Gryffindor significaba más para ustedes —Lilith bajo la cabeza —Los tres van a estar castigados. Nada les da el derecho para dar vueltas en la noche, en especial en estos días, es muy peligroso; se descontarán cincuenta puntos, por cada uno, para Gryffindor.
¿Cincuenta puntos? Eso los coloca en lo más bajo de la tabla. Y a Slytherin en el primer lugar.
—¿Cincuenta?— jadearon los mellizos.
El rostro de Lilith reflejaba horror puro. Se abrazó a Harry como si fuera un salvavidas.
En ese momento tuve un pequeño déjà vu de la ceremonia de selección. Lilith abrazada a su hermano -solo que ahora con un mejor corte de cabello- y Harry susurrándole palabras para calmarla.
—Van a odiarme— la escuché susurrar.
—En cuánto a usted, señor Grindelwald.
—¿En cuanto a mí qué?— pregunté con una ceja alzada y los brazos cruzados.
—Yo decidiré su castigo— mierda, mierda y más mierda.
Me di la vuelta con cuidado. El profesor Snape estaba parado en la puerta con su cara de pocos amigos, estoy muerto.