Capítulo Veintinueve.

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Londres,
23 de agosto de 2019.

Segunda línea; líneas fusionadas.


Despertó junto con el alba; Namjoon sentía estragos luego de la noche anterior. No debió beber tanto, no cuando tenía que ir a la universidad para rendir un examen importante.

Buenos días, el sol te saluda con una nueva mañana. Despierta, pequeña estrella, es hora de tu examen. ¡Vamos, vamos! Rómpete una pierna —Namjoon sonrió al oír el audio de Jungkook; nunca perdía la costumbre de enviarle un audio alentador antes de algo importante—. Si sacas más de noventa, te compro una bicicleta, ¡así que esfuérzate!

Terminó de arreglarse y guardar sus cosas en su bolso. Estaba preparado, había estudiado dos semanas seguidas para eso; nada debía fallar.

Pero si tan solo no hubiese sido tan idiota como para haber bebido la noche anterior.

Salió de su departamento, el audio de Jungkook realmente le alentó para no darse por vencido. Pero el dolor de cabeza, ¿por qué debía doler tanto?

No pensó mucho cuando llegó al estacionamiento de la universidad. Le hubiese encantado que estuvieran todos los chicos ese día para alentarlo, pero ellos no iban a recibir clases.

Fue más rápido de lo que pensó cuando estuvo sentado mientras leía el examen. Pero su cabeza martillaba con fuerza, haciéndole marear en varias ocasiones.

Ni siquiera el responsable de su mala noche apareció esa mañana para desearle suerte.

Pero no pensó mucho en él hasta que terminó el examen. Un par de preguntas le tomó más tiempo del debido cuando sintió un pequeño bloqueo mental, pero pudo resolverlo al usar su técnica para recordar información. 

Al salir, sintió un gran peso desvanecerse de su espalda. Se sentía liberador; aquello merecía un desayuno delicioso en una cafetería, y sabía que Jungkook sería su mejor compañía. 

—Koo, salí del examen y estuve muy bien. Pasaré por ti en diez minutos, vamos a desayunar —envió un audio mientras encendía el auto para irse.

Se bebió otra lata energizante; le avergonzaba que Jungkook llegara notar su malestar por haber bebido. Fue un idiota, claro está.

Pero pensar en Seokjin, en que su corazón no podía ocultar más lo que sentía, le cegaba por completo y le hacía actuar como un completo estúpido. Definitivamente debía acabar con eso.

Ese mismo día iba a confesarlo.

Al pasar por Jungkook, este le abrazó, felicitándolo por su logro, diciéndole que su bicicleta ya esperaba fuera de su departamento, cortesía del vigilante del edificio. 

—Eres un tonto, creí que era mentira —dijo y golpeó amistosamente su hombro.

—¡Qué va! Nunca miento —soltó una carcajada—. Le pedí al guardia que suba la bicicleta apenas salgas, y ya me llamó diciendo que lo hizo. Es una belleza, verás que te va a encantar.

Namjoon sonrió, se sentía muy agradecido por tener a un buen amigo como Jungkook.

—Por cierto —dijo, Namjoon emprendió su camino a la cafetería—, las cosas con Leah van mucho mejor. Me pidió disculpas luego de lo de esa noche, dijo que era una confusión y que no pensaba correctamente. De todas formas, también tuve la culpa.

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