Capítulo Diecinueve.

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La manera en la que percibimos el mundo varía dependiendo las experiencias vividas y los conocimientos aprendidos.

Para un niño de diez años, la forma en la que percibe el mundo tal vez sea videojuegos, libros infantiles, dibujos animados, programas graciosos de televisión, matemáticas básicas de la escuela; pero para aquel niño en específico no era más que crueldad, culpa, arrepentimiento, confusión, soledad.

Su manera de percibir el mundo cambió abruptamente.

Jungkook ya no es el niño inocente y divertido que todos conocían.

Jungkook ya no juega, Jungkook ya no ríe, Jungkook ya no cuenta chistes, Jungkook ya no se ve como aquel niño adorable que solía ser, Jungkook se ve cada vez más frágil; aquellos comentarios los escuchaba día a día, que ya empezaba a creerlos.

Sentía que se rompía, sentía que se perdía a sí mismo, sentía que era la persona más horrible por el acto que cometió y su madre le inculpó.

De pronto sentía como si tuviera cuerpo de niño, pero su alma era tratada como adulto culpable.

Realmente ya no podía soportar más, y rogaba por las noches despertar en un mundo diferente para no tener que soportar otro golpe en sus costillas o una fuerte bofetada en sus mejillas, las cuales se volvieron ásperas después de los golpes.

Allí, sentado en su asiento, Jungkook escribió en el cuaderno la tarea que la maestra escribió en el pizarrón, soltando un suspiro ya que se acercaba la hora de salida y eso significaba volver al lugar donde no quería estar.

Al terminar de escribir, guardó las cosas regadas en la mesa dentro de su mochila.

Hacía bastante calor y veía a sus compañeros frescos ya que se habían quitado sus abrigos, pero él no podía hacerlo.

Debía ocultar los moretones en sus brazos.

Se acomodó en el asiento algo incómodo por el dolor en sus costillas y observó como todos reían y jugaban entre sí.

—Namjoon, ¿por qué tardaste tanto allá, eh? —La voz de la maestra interrumpió el tenue bullicio del salón.

Namjoon estaba parado en la puerta con una sonrisa nerviosa.

—¿Cuántas veces te he dicho que no tardes tanto en el baño? ¿Qué hacías? —Nuevamente preguntó.

Namjoon sonrió sutilmente. —Maestra, lo que pasa es que tuve problemas digestivos y me tardé un poco en el baño. Realmente me dolía la pancita —fingió un puchero y puso una mano sobre su barriga.

La maestra entonces suavizó su rostro arrugado y se mostró preocupada.

—¡Oh! ¿Quieres que llame al asistente de tu padre para que venga a verte? ¿Sigues sintiéndote mal? Deberíamos llevarte a la enfermería.

Namjoon enseguida negó con sus manos. —No, no. Ya me siento bien. Creo que fue el chocolate que me comí por la mañana, pero ya estoy bien. ¡Lo juro! —No podía volver a la enfermería después de lo que hizo minutos antes.

Pues en realidad no fue al baño. Necesitaba un par de pastillas para el dolor en general, pero no podía fingir sentirse mal, no le creerían, por lo que pidió permiso para ir al baño, desviándose hacia la enfermería.

Allí Namjoon pidió amablemente un par de pastillas al enfermero que atendía a los estudiantes enfermos, pero este se negó diciendo que era un niño y no podía simplemente darle pastillas porque se las pedía.

"No puedo darte lo que me pides, niño. ¿Acaso crees que le daría medicamento a un niñito como tú? "

¿Niñito? ¡Él no es un niñito! ¡Claro que no!

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