Capítulo Treinta y Tres.

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Londres,
1 de marzo de 2024.

12 pm - Namjoon.

No había podido dormir en toda la noche. Sus ojos ardían, y el dolor palpitante en su sien era como un martillo constante. En solo unas horas sería la fusión, y el miedo lo devoraba por dentro. Temía que algo saliera mal. Temía que, por su culpa, alguien volviera a salir herido.

Sostenía la taza de café con manos temblorosas, apoyado en el mesón de la cocina. El líquido estaba tibio, olvidado, mientras su mente se ahogaba en pensamientos que no podía detener. Cerró los ojos un instante, rogando por algo de paz, solo un poco.

El timbre sonó de forma insistente, sacudiéndolo como un trueno. Volvió a la realidad de golpe. Dejó la taza con torpeza sobre el mesón y salió apresurado hacia la puerta principal. Espió por la mirilla y reprimió un suspiro al ver quién era.

Quitó el seguro. Apenas giró el pomo, Seokjin irrumpió con violencia, empujándolo al entrar. Su rostro estaba endurecido, los ojos llenos de furia contenida.

Namjoon apenas alcanzó a retroceder antes de que lo sobrepasara.

-¿Dónde está? -espetó Seokjin, con la mandíbula apretada. Su mirada recorrió cada rincón de la sala con desconfianza, como si esperara encontrar a alguien escondido.

-Hyung... ¿Qué pasa? -preguntó Namjoon, la voz rasposa por el cansancio. No tenía energía para discutir, no ese día.

-Subieron fotos de la fiesta del valle -soltó Seokjin con un tono que ya presagiaba la tormenta-. No quería creerlo. Juro que recé porque no fuera verdad... Pero lo vi. Vi a Taehyung, con Jungkook -lo miró directamente a los ojos-. ¡Vi la maldita foto, Namjoon!

Sus manos temblaban, pero no por miedo. Era pura rabia, pura impotencia.

-¡Qué mierda hiciste! -gritó al fin, su voz rompiendo el silencio como un látigo- ¡Me prometiste que no habría más viajes! ¡Me juraste que lo olvidarías, que lo dejarías ir! ¿Y ahora esto? ¿Por qué sigues hiriendo a Jungkook? ¿Por qué, Namjoon?

Namjoon se quedó paralizado, sin palabras, sin reacción. Solo el zumbido de sus pensamientos se mezclaba con la culpa que empezaba a asfixiarlo.

-¿Acaso entiendes lo que significa esto? -continuó Seokjin, su voz quebrándose-. Él se va a ir de nuevo. Jungkook va a romperse otra vez. ¡Y yo lo voy a perder! ¡Otra vez! -Sus palabras eran un grito de desesperación disfrazado de ira-. ¡Voy a perder a mi Jungkook y tú solo lo ves pasar como si no importara!

Las lágrimas empezaron a caer por su rostro, gruesas, descontroladas. No de tristeza, sino de dolor, de una rabia que había estado hirviendo por días.

-Hyung... -susurró Namjoon, con el corazón encogido, intentando dar un paso hacia él-. Escucha... Yo sé que esto te asusta, a mí también. Pero lo tengo controlado. Tengo un plan...

Seokjin soltó una carcajada amarga, cargada de incredulidad.

-¿Desde cuándo está aquí? -preguntó con frialdad.

-Un par de días... pero Taehyung ha mantenido un perfil bajo.

-¿Perfil bajo? -repitió, con sarcasmo venenoso-. ¿Ir a una fiesta en el valle ahora es mantener un perfil bajo?

Namjoon suspiró, intentando mantenerse sereno. Sentía cómo la tensión le apretaba el pecho, cómo cada palabra de Seokjin se le clavaba como una espina.

-No podía decirte nada... Sabía que ibas a intervenir y...

-¡Por supuesto que iba a intervenir! -estalló Seokjin, acercándose, su voz trémula por la furia-. ¡Esto está mal! ¡Es peligroso y tú lo sabes!

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