Capítulo Quince.

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Corea del Sur, 2008.

Aquella mañana, el pequeño juguetón perseguía a su cachorro por toda la casa, mientras reía divertido.

Su madre, como todos los días, se mantenía callada, sentada en el sillón de siempre mientras bebía su rutinaria taza de café.

Cuando su cachorro se acercaba a los pies de su madre, Jungkook temblaba de miedo y llamaba en silencio al perro para que se aleje porque su madre le dejó muy en claro que odia que la moleste en sus días libres.

Por accidente, el juguetón cachorro tropezó con su cuerpo la pierna de la mujer.

Jungkook se estremeció en su escondite al verlo. Si su perro no salía de ahí, ambos estarían en problemas otra vez.

—Bambi, ven, por favor —susurró, desesperado por llamar a su perro.

Pero el animal no hizo caso alguno.

La mujer dejó su taza de café en la mesa y suspiró profundamente. Jungkook entendió lo que iba a suceder.

Él estaba escondido detrás de un estante. Empezó a asustarse más cuando su madre fijó su vista en el perro.

Se tapó sus oídos y cerró sus ojos al saber lo que venía.

Entonces, el fuerte grito de su madre resonó por toda la inmensa sala.

Un grito tan desgarrador y espantoso. Un grito lleno de odio, rencor y tristeza.

Quiso salir para agarrar a su perro y apartarlo de la mujer, pero no quería recibir un golpe nuevamente, sus costillas no aguantarían otra patada.

Una de las empleadas corrió a la sala para sacar al perro y llevarlo lejos de la mujer, quien al ver al perro lejos, detuvo su grito y actuó como si nada hubiese ocurrido.

—Tráeme otro café, este ya se enfrió. Y limpia mi pierna, ese monstruo me tocó —La fría y áspera voz de su madre se escuchó.

La empleada hizo una reverencia y actuó enseguida para acatar las órdenes.

Jungkook salió de su escondite poco después y corrió a abrazar a su pequeño y peludo cachorro.

—No debiste hacer eso, Bambi. Sabes que a ella no le gusta tenernos cerca, podría lastimarte otra vez —dijo con su voz triste y apagada.

Su peludo amigo lamió parte de su cara y gruñó, como si le dijera que no le teme a la mujer que gobernaba en la casa.

Jungkook sonrió juguetón.

—Quisiera ser igual de valiente que tú, Bambi —acarició su pelaje.

Cuando el menor alzó su mirada, se estremeció al verla.

No supo cuando llegó ahí, ni siquiera la escuchó llegar. Pero estaba ahí, frente a él, viéndole con esa mirada que le aterraba y permanecía en sus pesadillas.

Jungkook se levantó enseguida y mantuvo su cabeza gacha, ya que no debía verle a los ojos.

La mujer apretó su mandíbula y miró con odio al niño que temblaba.

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