Capítulo Treinta y Cinco; Hasta siempre.

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Brighton, 26 de abril de 2024.

No lo había conseguido.

Nunca obtuvo aquel final feliz que había soñado tantas veces, imaginado en los momentos de penumbra en sus aposentos. Entre libros, poemas y cartas, todos destinados a su primer amor.

Joshua recordaba con claridad aquellas noches frente a su escritorio, escribiendo versos que le desgastaban los puños por la tinta, con los ojos brillando de una ilusión contenida, casi temerosa de romperse.

Cada poema, cada carta, quedaba atrapada entre sus manos, y nunca llegaron a Taehyung. Tal vez nunca fue tan valiente como algunos creían.

Aun así, vivió. Vivió una vida junto a él, una vida que repetiría si tuviera la oportunidad. Una vida que no desperdició, porque esa vida era Kim Taehyung.

Aunque el final no fue lo que esperaba, disfrutó cada instante del proceso.

Ahora ya no estaba frente a su viejo escritorio a mitad de la madrugada, escribiendo para Taehyung. Ya no debía levantarse a las seis de la mañana para despertarlo. Ya no era el asistente del heredero al trono.

Joshua sabía que probablemente aquel nombre, Joshua Jones, ya no le pertenecía, porque de él quedaba apenas un recuerdo.

Se encontraba sentado en la mecedora de su porche, la madera gastada bajo sus dedos, contemplando la vista que se extendía ante él. Un valle verde y sereno, un leve eco de los jardines que un día lo rodearon en el palacio.

La brisa le traía aromas familiares, mezclados con la calma de su nueva vida. Todo era más sencillo ahora, más suyo, aunque la nostalgia seguía susurrándole entre los árboles.

Decidió vivir apartado de todo. Tal vez se sentiría más solo, tal vez no era la mejor idea, pero lo creyó necesario.

Ya habían pasado dos meses desde que todo terminó, desde que la historia que conocía llegó a su fin. Joshua no había visto a Taehyung desde entonces y, sin embargo, saber que ahora era completamente feliz le daba a su viejo corazón esa chispa de alegría que tanto necesitaba.

Tal vez su misión nunca fue cumplir su deseo de ser amigo del rey. Tal vez su verdadera misión siempre fue velar por la felicidad del rey.

Suspiró y bajó la mirada, observando una vez más la fotografía entre sus dedos.

Él y Taehyung se veían felices, tan felices que el corazón de Joshua se apretó de nostalgia. Ahora era lo único que le quedaba de él, como si fuera la prueba tangible de que en 1905 existió una vida en la que realmente fue mejor amigo del rey.

Pero, aunque no quería admitirlo, esa vida empezaba a sentirse difusa, como un sueño lejano, casi ajeno.

No quería olvidar nada. Porque borrar 45 años de recuerdos y vivencias sería una puñalada en el corazón, un dolor imposible de cicatrizar.

El timbre del teléfono dentro de la casa lo sacó de sus pensamientos. Bajó el volumen de la radio y se levantó de la mecedora, guardando la fotografía con cuidado en el bolsillo.

Al llegar al teléfono, contestó de inmediato, esperando escuchar la voz familiar de Namjoon, pero la voz ajena y casi desconocida para Joshua le hizo fruncir las cejas.

—¿Quién habla? —preguntó con cautela, sentándose en el pequeño sofá de la sala.

Una risilla se escuchó del otro lado. —No puedo creer que después de haber servido junto a usted en una misión olvide mi voz, señor J.

—Ah... ¿Jungkook? —suavizó el gesto— ¿Qué sucede? ¿Se presentó algún problema?

—No, señor. Si lo hubiera, Namjoon hyung se lo haría saber de inmediato —Jungkook murmuró algo detrás de su voz, y Joshua reconoció al instante los sonidos familiares de movimiento y risas—. Le llamaba porque quería saber cómo está, señor... Y porque me gustaría ir a visitarlo un rato. Ya sabe, para hacerle compañía. Debe sentirse solo en esa cabaña.

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