Capítulo Treinta y Cuatro.

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Londres,
30 de marzo de 2024.

La tormenta arranca todo, menos la raíz. Y es desde ahí donde vuelve a nacer la calma.  

Jungkook sentía en ese instante una paz inquebrantable, de esas que no llegan por azar, sino que se conquistan. Había sido dura, costosa, sangrada con el alma, pero merecida. Porque siempre, después del caos, llega el arcoíris: ese que no solo decora el cielo, sino que lo consuela después de haber llorado con furia. Y él lo sabía. Ese consuelo había llegado para quedarse.

Entre sus manos descansaba la carta que Taehyung le escribió antes de que todo se desdibujara, antes de que los recuerdos se volvieran niebla.

Rozó con la yema de los dedos la textura del papel, sintiendo el leve relieve de la tinta, como si aún pudiera palpar el pulso de Taehyung en cada palabra. Suspiró. Un suspiro cargado de alivio, de ternura, de esa esperanza que brota cuando uno se aferra a lo poco que queda y lo transforma en todo.

La caligrafía de Taehyung era limpia, elegante, casi artística. Pero lo que de verdad lo conmovía eran sus palabras: cada frase era un abrazo que cruzaba el tiempo, un murmullo escrito para no ser olvidado.

"Si alguna vez olvido quién soy o quién fui, confío en ti para recordármelo. Si el tiempo borra las huellas de lo que fuimos, quiero que sepas que mi amor por ti seguirá intacto. Inalterable. Más allá del tiempo, más allá del espacio, más allá de todo lo que podamos comprender.

Recuerda que, incluso cuando todo parezca perdido, cuando el dolor pese demasiado o cuando sientas que ya no puedes avanzar, tú eres más fuerte de lo que crees. Has enfrentado tormentas que muchos no habrían resistido. Has sobrevivido a días grises, a heridas que no se ven y a batallas silenciosas. Y aun así sigues aquí, con el corazón latiendo, con tus sueños en los ojos. Sigues siendo tú, Jeon Jungkook. Y eso es algo digno de admirar.

Yo te amo. Con todo lo que soy. Con cada fibra de mi existencia. Te amo con el alma que me habita, con la vida que me sostiene, con todas mis versiones pasadas, presentes y futuras. Te amo incluso en los universos donde jamás nos conocimos, porque sé que, de alguna forma, nuestras almas se reconocerían.

Y si alguna vez te sientes solo, busca en el viento. Escucha el eco suave de mi voz llamándote. Mira al cielo. Quizá veas una estrella parpadear más fuerte que las demás. Seré yo, recordándote que, pase lo que pase, nunca estarás solo.

Nunca olvides quiénes fuimos tú y yo. Nunca olvides nuestras risas, nuestras lágrimas, los silencios que decían más que las palabras. Nunca olvides cómo nuestras almas se abrazaron, incluso en el caos.

Si el mundo cambia, si nosotros cambiamos, si todo se desvanece... que mi amor por ti sea lo único que permanezca.

Con todo lo que fui, lo que soy y lo que algún día seré,
tu Kim Taehyung."

Sus ojos se llenaron de lágrimas inconscientemente. Fue entonces cuando Taehyung salió del vestidor, justo al terminar la lectura. Al verlo, con el cabello un poco alborotado y los labios curvados en esa sonrisa despreocupada que tanto lo desarmaba, Jungkook sintió como si las palabras de la carta hubieran cobrado voz en él. Como si en cualquier instante fuese a caminar hacia él, tomarle el rostro entre las manos y susurrarle que lo amaba, que siempre estaría ahí.

Pero no lo hizo.

En lugar de eso, soltó una de sus habituales bromas, con ese tono ligero.

—¿Te parece mejor este? Creo que es el más indicado para el baile —comentó mientras giraba sobre sí mismo con el séptimo traje del día.

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