Suiza,
24 de diciembre de 2025.
El sonido de la lluvia golpeando suavemente contra la ventana fue lo primero que Taehyung sintió al despertar.
La sonrisa ya le estaba brotando antes de que pudiera pensar en por qué.
Recordaba cada fragmento de su sueño con nitidez. Había caminado por jardines que parecían no tener bordes, respirando un aire limpio y fresco. Frente a él se alzaba un castillo digno de un cuento de hadas, majestuoso, tan real, tan suyo.
Y ahí, entre todo ese esplendor, estaba ese chico: un rostro borroso, casi como si la memoria estuviera jugando a pixelar lo importante, pero aun así cálido. Cabalgaban juntos por un valle que jamás había visto, un lugar que no figuraba en ningún mapa, pero que su corazón reconocía igual.
Lo extraño, lo verdaderamente loco, era cómo ese sueño se le había pegado al pecho. Al despertar, Taehyung no tuvo claro si estaba abriendo los ojos o si simplemente estaba cambiando de escena. Sentía que acababa de vivir algo más que un sueño, como si hubiera cruzado una puerta que no podía ver, que no sabía que existía.
Se estiró bajo las sábanas, con una sonrisa. Al sentarse, sus pies tocaron el suelo y la madera crujió suavemente bajo su peso. Caminó hasta la ventana y corrió la cortina.
Afuera, el paisaje se desplegaba como una pintura invernal, totalmente distinto a su sueño: el valle entero estaba cubierto por una gruesa capa de nieve que brillaba bajo la tenue luz del amanecer. Los abetos parecían bordados de blanco y, más allá, el lago bajo el alpe dormía bajo un manto helado que reflejaba el cielo gris.
Taehyung apoyó la frente en el vidrio, respirando hondo. Siempre había sido un sueño disfrutar de un paisaje tan precioso como ese en Navidad.
Sonrió, porque al fin lo había conseguido.
Pero su momento de paz y reflexión se vio interrumpido por el fuerte golpe de la puerta abriéndose y chocando contra la pared.
—¡Good morning! —gritó Jungkook apenas entró, su sonrisa amplia y su cabello ligeramente desordenado.
—¡Por Dios, Jungkook! —exclamó, llevándose una mano al pecho—. ¿Puedes entrar alguna vez sin darme un infarto?
El más joven sonrió aún más, casi travieso. —Te juro que golpeé —mintió descaradamente, caminando hacia él.
—No escuché nada —Se cruzó de brazos, viéndole con molestia fingida.
—Porque estabas muy ocupado enamorándote del paisaje otra vez —Se acercó más, hasta quedar frente a él, y su voz bajó apenas un tono—. O quizás... de mí.
Taehyung arqueó una ceja, pero no alcanzó a responder; Jungkook ya lo tenía entre sus brazos, atrapándolo por la cintura con esa naturalidad que solo él tenía.
—Buenos días, Su Majestad —susurró contra su oído, con una sonrisa ladeada y un timbre grave que le erizó la piel.
—Eres insoportable —murmuró Taehyung, aunque su sonrisa lo traicionó.
Jungkook rio y lo besó. Fue un beso lento, húmedo, de esos que te roban la noción del tiempo. Cuando se separaron, sus frentes aún se rozaban.
—Buenos días —susurró él, con voz suave—. Huele... rico. Me prometiste que no ibas a tocar la cocina sin mí —frunció el ceño y le miró con descontento.
—No lo hice —dijo Jungkook, ofendido fingidamente—. Solo hice chocolate. La tetera explotó sola.
—¡¿Qué?!
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Mis Dos Vidas
FanfictionEn 1905, cuando la vida del príncipe Kim Taehyung se desmorona bajo el peso del deber, la soledad y las decisiones ajenas, el universo irrumpe con una última jugada. Sin explicación, es arrancado de su época y arrojado al año 2023, un mundo extraño...
