Capítulo Veintidós.

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"Navidad estaba triste.

Cuando llega diciembre, la nieve, los regalos, la comida y los árboles decorados con luces es en lo que todos pensamos.

Los niños se emocionan cuando llega el primer día de diciembre, el mes favorito, pero Navidad veía con temor que cada día más se acercaba su día.

Él no quería aparecer más, él no quería que su día llegue.

Con pesar, se sentaba en la cima de las montañas nevadas, viendo como todos esperan su llegada con entusiasmo.

Se preguntaba, ¿por qué emocionarse por un día que se volvió oscuro, vacío, tétrico?

Suspiró pesadamente, causando que una tormenta nevada azotara Busan. ¿Y si detenía el calendario para que su día no llegue nunca?

Ahí, sentado en la montaña nevada, los recuerdos de aquél día causaron temblores en sus piernas y manos.

Navidad era un día alegre, cada que llegaba veinticuatro y veinticinco de diciembre se emocionaba mucho y repartía el famoso espíritu navideño entre todos los niños y adultos.

Reía de la felicidad, tanto que lloraba de la felicidad, causando que nieve en las ciudades.

Navidad era feliz.

Pero no siempre sería así, y después de aquél veinticuatro todo cambió.

El veinticuatro de ese año empezó como el resto de los años; alegre, lleno de regalos y felicidad.

Navidad hacía su rutinario paseo por las casas en la noche buena ya que le daba satisfacción ver los rostros de felicidad de los niños al abrir su regalo.

Visitó algunas casas y mantenía una hermosa sonrisa.

Cuando llegó a una de las últimas casas que visitaría en Busan, sintió calor.

Calor, eso no significaba algo agradable.

No era ese calor que emanaba la chimenea en las noches nevadas de su día; él conocía ese calor, este era uno diferente.

Su sonrisa empezaba a desvanecerse y sus ojos botaban lágrimas sin que supiera la razón.

Sus lágrimas causaron que nevara en la ciudad.

Navidad se acercaba cada vez más a aquella casa, la cual se situaba en una hermosa granja, y en cada paso que daba, el calor que sentía empezaba a derretir más su sonrisa.

Finalmente llegó.

Acarició al pequeño perro que perseguía su cola, el cual gracias a su pelaje blanco, se perdía entre la nieve.

Caminó un poco más por la granja y el calor se volvía insoportable; su curiosidad no le permitía retroceder e irse.

También escuchaba una melodía, la escuchaba en eco, como si el calor sonara así.

Entonces, vio el causante.

La hermosa casa con un estilo americano, ardía en llamas.

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