Capítulo Treinta y Dos.

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Londres,
28 de febrero de 2024.

Las mañanas en la mansión de los Park eran casi tan ruidosas como un mercado en hora pico.

Al menos para Yoongi, lo era así.

Se levantó de la cama con pesar, caminando somnoliento al baño para tirarse agua en el rostro.

En el fondo se escuchaban las prácticas de piano de Jiyeon. En los últimos meses había mejorado bastante; Yoongi estaba orgulloso de guiarla en su camino hacia la música.

Cuando bajó las escaleras hacia el primer piso, se detuvo un momento para espiar al rubio en la sala. Jimin tenía la música de Cyndi Lauper a todo volumen mientras movía las caderas con entusiasmo al ritmo de la canción.

Ya lo había visto bailar muchas veces, pero nunca dejaba de divertirse con la manera en que meneaba las caderas y agitaba los brazos con movimientos improvisados.

Apenas terminó la canción y se produjo ese breve silencio antes de que comenzara la siguiente. Yoongi carraspeó de forma exagerada para llamar su atención.

Jimin, sobresaltado y visiblemente avergonzado, tomó el control y pausó el televisor.

—No te había visto —dijo, casi tartamudeando.

—Buen baile. Casi me cautivas —bromeó Yoongi con una carcajada leve—. ¿A qué se debe tanta felicidad?

—Oh, eso... —bajó la cabeza, sonrojado—. Conseguí el trabajo en la empresa a la que me postulé.

Los ojos de Yoongi se abrieron con sorpresa.

—¿De verdad? ¡Eso es increíble, Jimin! ¡Felicidades!

Jimin le dedicó una sonrisa cálida.

—Gracias. Me avisaron esta mañana. Empezaré con unas prácticas antes de asumir el puesto oficialmente.

—¿Prácticas? Pero si ya has hecho un montón —comentó Yoongi, caminando hacia él para sentarse en el sofá.

—Es solo para adaptarme a su forma de trabajar. De todos modos, serán tres días nada más —dijo Jimin, sentándose a su lado.

—Estoy muy orgulloso de ti, Jiminnie —dijo Yoongi con una sonrisa sincera—. Sé que te irá muy bien.

—Gracias, hyung.

—¿Quieres celebrarlo? Invité a Namjoon y Jungkook a comer. Pensaba avisarle a Jin hyung y a Hoseok también —propuso, tronándose los dedos. La cercanía de Jimin siempre tenía ese efecto eléctrico en su cuerpo.

—¿Es tu manera sutil de buscar una excusa para beber hasta el amanecer? —preguntó Jimin con una sonrisa juguetona.

Yoongi rió, los hombros agitándose con naturalidad.

—Tal vez lo sea. Hace tiempo que no lo hacemos, ¿no?

—¿Una semana es "hace tiempo"? —se burló Jimin—. Pero la verdad es que necesito beber y bailar. Me escribió un amigo de la facultad de Kook; harán otra fiesta en el valle. ¿Vamos?

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