Capítulo Treinta.

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Londres,
26 de febrero de 2024.

Jungkook estaba sentado en el diván junto al ventanal, observando cómo el cielo se iluminaba poco a poco con el paso de los minutos. El sueño lo vencía, pero una vez más, ese punzante dolor en el pecho le había arrancado el descanso desde que despertó a mitad de la madrugada.

Secó las lágrimas que mojaron su rostro con brusquedad; odiaba tanto llorar y no poder controlarlo. Se odiaba por ser tan débil.

Desde el incidente de la bañera, sus amigos decidieron buscar un psicólogo para que recuperara su salud mental, mas Jungkook no sentía que sirviera; como lo había sido siempre.

Él sabía que no habría remedio para el dolor que sentía, porque cada día que pasaba el pensamiento rotundo de acabar finalmente con el sufrimiento era rutinario, lamentablemente.

No quería morir, pero era la única salida que encontraba para acabar con todo.

Luego de aquel día y de salir del hospital, fingió estar bien para no preocupar a sus amigos; no quería ser un estorbo. Sabía que ellos sentían lástima, y él odiaba serlo.

Secó una vez más las lágrimas cuando escuchó el bostezo de Namjoon en la cama; él ya había despertado.

—Buenos días, Koo, ¿dormiste bien?

Jungkook se giró para verle, sonrió apenas y asintió en silencio.

—¿Y tú? ¿No te pateé mientras dormía? —preguntó y rio para ocultar su triste rostro.

—Afortunadamente pude dormir bien —rio también, poniéndose las pantuflas para levantarse—. Estos días con los chicos han sido tan buenos que hasta olvidé lo de... —Se detuvo en seco.

—¿Lo de? —frunció el ceño. Claro, recordaba ese algo del que le había hablado hace una semana.

Namjoon tragó saliva, apretó los labios y negó. —Nada, olvídalo —sonrió.

—Namjoon —su tono había sido rudo, aunque no había sido su intención.

Namjoon se sintió tenso de repente, apretó sus puños y permaneció inmóvil sin poder verle.

—En el cumpleaños de Hoseok dijiste que tenías que decirme algo, ahora lo quiero saber —Se acomodó en el diván, cruzando sus brazos. De pronto, se vio intimidante para Namjoon.

Namjoon pensaba en cualquier mentira, pero su mente rondaba una y otra vez en Joshua, que pensar en algo más era imposible.

—Quería decirte sobre... —Y como si fuera la señal de interrupción que había rogado, su teléfono sonó interviniendo el silencio incómodo de la habitación.

Se apresuró a tomarlo de la mesita de noche, frunciendo el ceño al ver un número desconocido iluminarse en la pantalla.

Se sentó en el borde de la cama, llevando el teléfono a su oreja en cuanto descolgó.

—¿Hola? —preguntó; su tono era neutro. Miró a Jungkook por inercia; este le miraba aún con los brazos cruzados y su peculiar expresión cuando estaba molesto, golpeando constantemente su mejilla interna con la lengua.

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