¿Cómo habría sido su vida si el amor lo hubiera envuelto como un refugio, si alguien lo hubiera amado con la pureza de quien no pide nada a cambio? Desde el instante en que lo vi, supe que mi corazón ya le pertenecía. No hubo dudas, no hubo miedos...
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"Tu amor me levanta cuando estoy abajo".
"Eres todo lo que necesito".
El viaje a París había sido como un respiro después de tantas tormentas. Tres días en la ciudad, lejos de los problemas, nos habían permitido reconectar. Paseamos por las estrechas calles empedradas, admiramos las luces de la Torre Eiffel y disfrutamos de cafés en pequeños bistrós mientras la vida pasaba lentamente a nuestro alrededor. Había algo en el aire de París que hacía que el peso de nuestros problemas se aligerara, al menos por un momento.
Pero al igual que el arcoíris era por temporadas, las tormentas también, eso quería decir que llovía casi a diario. El regreso a la oficina eran miradas curiosas por el viaje repentino, y preguntas incesantes de Diana respecto a donde habíamos ido, y que, lamentablemente se había filtrado unos días después y todo el mundo supo de nuestras minis vacaciones. Michael tenia aproximadamente 4 reuniones por día debido a las estadísticas del álbum recientemente lanzado, no tenia nada claro pero, algo me decía que pronto me enteraría de un nuevo proyecto relacionado a ello.
Los medios estaban eufóricos, habían llamado a nuestro viaje "la pequeña luna de miel reconciliadora" y la verdad por primera vez habían atinado al titulo, el viaje por supuesto ayudo a reconectarnos y a sentirnos mas seguros pero debíamos liderar con lo que nos rodeaba, esa era la verdadera prueba. Esa tarde después de una semana larga y agotadora de trabajo, habíamos llegado al rancho, era típico y ya de costumbre, ver a cientos de fans a las afueras esperando ver algún rastro de Michael, a veces eran días seguidos, a veces no, pero hoy detuve mi atencion a ellos, ver sus carteles dedicados a Michael, sus ojos expectantes al pensar que aquel vehículo transportaba al hombre que amaban tanto, me gustaba contagiarme de ellos, era satisfactorio.
Anastasia, apareció ese día en Neverland. Habíamos quedado en vernos allí para tomar helado y conversar un poco después de mi viaje y todo lo relacionado anterior al mismo, como siempre, su energía vibrante llenó la habitación en cuanto llegó.
.-¡Mira nada más dónde vive mi mejor amiga! .-exclamó mientras recorría la sala principal con la mirada-. Cada vez que vengo aquí, siento que estoy entrando en un cuento de hadas.
Sonreí, aunque mi mente estaba lejos de cuentos de hadas.
.-Es bonito, pero no todo es tan mágico como parece.- hago una pausa y ella me mira con ese gesto de preocupación que conocía tan bien.- aun así, no te culpo, de verdad se siente la magia.- digo mirando alrededor.
.- ¿Michael?.- Negué, aunque sabía que no la convencería.
.- Es complicado, Anastasia. Últimamente, siento que hay más cosas en juego de las que puedo manejar.- decía mientras dejaba todo en el recibidor y me dirigía a la cocina por 2 bowls y helado de vainilla.
.-¿Es por Debbie?.- preguntó con franqueza, sentándose en la barra que dividía la cocina.
La mención de su nombre me tensó. No sabía cómo Anastasia había llegado a esa conclusión, pero no me sorprendía. Debbie había estado cada vez más presente, y su cercanía con Michael era difícil de ignorar, pensaba que tal vez comenzaría alejarse, pero al contrario, cada vez era mas intenso el acercamiento. No quise decirle nunca a Michael lo que había ocurrido ese día, no quería darle las riendas a que volviéramos a discutir y acercarlo a sus brazos, era lo que mama me había advertido, debía ser mas inteligente.