Capitulo 64

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"Te observo, te siento, y se que

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"Te observo, te siento, y se que... aun queda historia por contar... pero tengo miedo, lo sientes tu también?"











Michael time

El trayecto de regreso a Neverland se sentía distinto esta vez.

Bill conducía en silencio, como si entendiera que cualquier palabra mal ubicada podría derrumbar el delicado equilibrio que me mantenía entero.

El sol de la tarde comenzaba a desvanecerse en el horizonte. Las sombras se alargaban por la carretera y el reflejo dorado en el parabrisas me hacía entrecerrar los ojos. Afuera, todo parecía calmo. Adentro... era otro mundo.

Llevaba las manos entrelazadas sobre el regazo, aún sintiendo el eco de su piel contra la mía. El roce de sus mejillas, la textura de su vientre bajo mi palma. Tan real. Tan cálido. Tan... vivo.

Un gesto mínimo.
Una caricia leve.
Y sin embargo, me sostuvo más que mil palabras.

Me recosté en el asiento y cerré los ojos por un momento, volví a verla.

Parada en la puerta, envuelta en esa aura que siempre ha tenido cuando está cansada, pero fuerte. No me rechazó. No se apartó cuando me acerqué. Y aunque no me dijo nada, su cuerpo habló primero.
Y eso bastó, a mi lado, Bill carraspeó levemente, como si estuviera tanteando el terreno.

.- ¿Entonces...?.- murmuró sin quitar la vista de la carretera.- ¿cómo estuvo?- Tardé en responder. No porque no supiera qué decir, sino porque estaba procesando cada segundo como si intentara preservarlo para siempre.

.- No me echó.- dije finalmente. Y sonreí, apenas, como si confesara algo sagrado. Bill soltó una risita nasal, breve pero genuina.

.- Eso es un milagro en sí mismo.- bromeó con suavidad.

Giré levemente la cabeza para mirarlo. Su perfil firme, sereno, esa expresión de quien ha visto más de lo que dice, pero aún cree en los pequeños actos de redención.

.- La toqué, Bill.- susurré casi como si temiera que decirlo en voz alta lo hiciera desaparecer.- Le di un beso en la mejilla... y... toqué su vientre.- Bill no dijo nada al principio. Asintió, como si entendiera sin pedir explicaciones.

.- ¿Y?.- Me quedé mirando el reflejo del cielo en el vidrio. La imagen difusa de las nubes que se teñían de naranja.

.- No se apartó. No bajó la mirada. No me detuvo.- Tragué saliva.- Eso me basta por ahora.

Bill asintió de nuevo. Manejaba con una calma extraña. Me pregunté si él también había notado esa chispa, ese espacio diminuto entre la rabia y la ternura que solo queda cuando aún hay amor.

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