¿Cómo habría sido su vida si el amor lo hubiera envuelto como un refugio, si alguien lo hubiera amado con la pureza de quien no pide nada a cambio? Desde el instante en que lo vi, supe que mi corazón ya le pertenecía. No hubo dudas, no hubo miedos...
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A veces me despierta su forma de respirar.
No es un sonido fuerte. Es un cambio. Un vacío en el aire. Como si el silencio se volviera más denso cuando Michael no puede dormir.
Esta noche lo sentí levantarse, caminar, quedarse frente a la ventana como tantas veces. No pregunté nada. No todavía. Pero cuando volvió a la cama, su pecho temblaba un poco bajo mi mejilla, como si estuviera conteniendo una tormenta.
Y yo... Yo solo lo abracé.
Porque hay cosas que no se dicen en voz alta, pero igual duelen como si gritaran.
Japón, 1997 - Michael Time
La habitación estaba sumida en una calma que no me pertenecía. Afuera, las luces de Tokio parpadeaban como estrellas caóticas. Dentro... solo su respiración. Elisa dormía a mi lado, boca arriba, con una mano reposando sobre su vientre. Tan tranquila, tan ajena a la guerra que se libraba en mi cabeza.
Yo, en cambio, apenas podía respirar.
El teléfono vibró una vez más sobre la mesa de noche. Era la tercera vez en menos de diez minutos. Y, otra vez, la pantalla no mostraba nombre.
Pero no hacía falta.
Siempre era ella.
Debbie.
Me ardía la sangre solo con ver su insistencia. Al principio fueron mensajes. Palabras sueltas. Fotos. Insinuaciones. Cosas que podían parecer absurdas... si no me conociera tan bien. Sabía dónde tocar. Sabía cómo envenenar. Y lo estaba logrando.
Apagué la pantalla sin contestar, pero el corazón me latía con rabia. Con una rabia contenida, muda, que no encontraba salida. Me incorporé lentamente, evitando despertarla, y me levanté de la cama. Crucé la habitación en silencio hasta la ventana.
La ciudad allá abajo era ruido mudo. Y mi cabeza, un grito constante.
La pantalla volvió a encenderse. Otro mensaje. Un destello azul en la oscuridad, como una amenaza.
Debbie: ¿Ya viste bien la imagen? Mira cómo te mira cuando tú no estás. ¿De verdad sigues creyendo que no te ocultan nada?
Ya la había visto. Y la había vuelto a ver mil veces en mi mente. Ryan, demasiado cerca. Elisa, con un gesto que se prestaba a interpretaciones. Captura de segundos manipulados. Pero cuando una herida existe, cualquier roce arde.
Bill me había escrito más temprano, justo antes del ensayo.
Bill: Mike, nada nuevo. Son fotos viejas. Editadas. No hay nada raro con Ryan. Solo alguien jugando sucio.