CAPITULO 52

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Ya basta de presionarme,

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Ya basta de presionarme,

¡Simplemente dejen de acosarme!

Dejen de empujarme al borde,

Siento el grito apretado, queriendo escapar!











Nunca pensé que ser el centro de atención era como vivir momentos agridulces, a veces eran satisfactorios, y muchas veces podías sentir que estabas en el mismísimo infierno, sin embargo, nada de lo que pudiera pasar haría que me desvinculara de las emociones y felicidad que ahora desbordaba de mí, o eso quería hacer convencerme a mi misma.





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El zumbido del avión aún resonaba en mis oídos cuando aterrizamos. No era nuestro primer vuelo desde que iniciaron los preparativos, pero sí el primero con una oleada de reporteros esperando afuera. Los cristales tintados del jet privado no podían ocultar lo que nos esperaba en la terminal. Desde mi asiento, pude ver cámaras en alto, luces parpadeando y una multitud apiñada tras las barreras de seguridad.

Pero también había fans, pequeños niños entusiasmados esperando ver un poco de su mayor inspiración, mujeres eufóricas enamoradas perdidamente de el cómo lo estaba yo, hombres exasperados intentando con todas sus fuerzas obtener algún recuerdo de el, que les hiciera tener un poco de mas sentido en sus vidas, como sea estaban ahí, y me daban un poco de consuelo para soportar a la otra multitud que solo buscaba oportunidad y dinero sucio.

Respiré hondo.

.- ¿Lista para la bienvenida?.- susurró Michael, tomando mi mano. Lo miré con una sonrisa nerviosa.

.- Si eso significa que no voy a salir corriendo, entonces sí, estoy lista.- Michael rió suavemente, acariciando mi mano con el pulgar.

.- Recuerda, solo mírame a mí. Lo demás es ruido.- Y vaya que habría ruido.

Bill nos dio la señal, y en cuanto descendimos las escaleras del avión, los flashes se sintieron como pequeñas explosiones de luz cegadora.

"¡Michael! ¡Aquí, Michael!"

"¡Elisa, mira hacia acá!"

"¡Se rumora que estás embarazada! ¿Es cierto?"

El último comentario fue como un golpe. Sentí cómo mi cuerpo se tensaba de inmediato. Michael, en cambio, no flaqueó. Solo apretó mi mano con más fuerza y siguió caminando, con la cabeza en alto.

Pero los gritos no paraban.

"¡Michael, ¿es verdad que pospusiste la gira por ella?"

"¡¿Qué opina tu familia sobre que viajes con Elisa en estas condiciones?!"

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