¿Cómo habría sido su vida si el amor lo hubiera envuelto como un refugio, si alguien lo hubiera amado con la pureza de quien no pide nada a cambio? Desde el instante en que lo vi, supe que mi corazón ya le pertenecía. No hubo dudas, no hubo miedos...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
"Llamadas a toda hora, como si el silencio pudiera explicarme por qué tu voz ya no suena igual. Susurra mi nombre, pero se lleva promesas que no regresan.
Te reclamo mía, no con cadenas, sino con la furia suave de quien amó con todo y fue desbordado. Con la urgencia de unos brazos vacíos, y un lecho que aún guarda tu perfume como un castigo.
Tus ojos aún me buscan, pero esconden tormentas que no me sé el valor de calmar. Y yo, que fui tu refugio, comienzo a entender que hasta el amor más puro se quiebra cuando la duda anida entre la piel y la memoria."
Michael Time
La noticia del nuevo bebé lo había cambiado todo... o al menos, eso quería creer.
Cuando Elisa me abrazó con los ojos llenos de brillo y las manos temblorosas sobre su vientre, sentí que el mundo se detenía por un instante. Como si cada duda, cada sombra, cada susurro en la oscuridad, se deshiciera ante el milagro de su voz diciéndome, vamos a ser padres otra vez.
Y sin embargo, por las noches... la oscuridad volvía.
La felicidad se sentía como una manta que apenas lograba cubrirme. Bastaba una ráfaga de viento, una imagen, un mensaje, una voz, para dejar mi alma expuesta de nuevo.
Porque Debbie seguía llamando...
Ya no importaba la hora. Ni siquiera intentaba ocultarse.
A veces era su risa lo que me despertaba, colándose a través del teléfono como una serpiente. Otras veces era el silencio... ese silencio que me erizaba la piel.
Y cuando no eran sus llamadas, eran las pesadillas.
Soñaba con Elisa alejándose de mí. Con Ryan susurrándole al oído. Con puertas cerrándose, con verdades escapando entre mis dedos como arena.
La misma imagen una y otra vez.
Elisa y Ryan.
Demasiado cerca.
.
Pasé el resto del día fingiendo normalidad. Intentando convencerme de que nada había cambiado, de que la imagen que Debbie me envió no era más que otro de sus juegos enfermizos.
Elisa estaba radiante. Su voz se escuchaba al fondo mientras hablaba con nuestra asistente sobre los preparativos para nuestro viaje a Japón. Prince se reía a carcajadas mientras ella lo alzaba en brazos, y por un momento, me obligué a detenerme y observar esa escena. A quedarme en ese instante.