¿Cómo habría sido su vida si el amor lo hubiera envuelto como un refugio, si alguien lo hubiera amado con la pureza de quien no pide nada a cambio? Desde el instante en que lo vi, supe que mi corazón ya le pertenecía. No hubo dudas, no hubo miedos...
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"A veces el amor se queda quieto, escribe, espera, se desliza en silencio de una habitación sin perfume. Habita entre las sábanas frías, los retratos que nadie se atreve a mover, las cartas que tal vez nunca, serán enviadas..."
¿Qué tan profundo puede llegar a ser el amor de dos personas? ¿Qué tanto se puede soportar por amar? Según el montón de revistas y libros que me había podido leer los últimos días se supone que no todos son capaces de soportar cosas por amor a otro ser, pero, yo aun seguía amando profundamente a aquella persona que me había lastimado como nunca antes, aun sentía la necesidad de tenerle cerca, la necesidad de oler su perfume, la necesidad de sentir sus dedos rozar mi vientre, de verle susurrar palabras al bebe que iba de poco en poco creciendo dentro de mí.
Y por supuesto, tener a Prince a mi lado era un recordatorio constante de sus ojos, de sus facciones y de pequeños detalles que nuestro primer hijo reflejaba de él.
Había pasado 1 semana desde que llegue, 1 semana en la que el insomnio se hacía presente, 1 semana de llamadas de Ana, preocupaciones de José, e innumerables intentos de contacto de Michael, aun así, yo no estaba lista para escuchar su voz, mis horas de sueño se reducían a un par de horas, pero el reloj biológico de Prince me mantenían en pie, pero era mi corazón el que no me dejaba descansar.
Mi habitación había cambiado bastante desde la última vez que la visite, esta vez redecorada por mi madre con tonos cálidos acogedores, todo era ordenado, reflejaba armonía, todo lo que mi alma no.
Esa mañana Prince dormía plácidamente en su cuna portátil, mama había comprado un montón de cosas para bebes cuando Prince nació, con la ilusión de que en algún momento pudiera tener al bebe un tiempo para ella sola. Prince abrazaba y se aferraba con sus deditos, a un osito de peluche café que Michael le había comprado en uno de los viajes por Paris. Me senté en el borde de la cama, apenas había dormido un par de horas, y mientras lo observaba me permitía detallarle con ternura, era tan parecido a Michael... incluso dormido hacia ciertos gestos parecidos.
Solté un suspiro mientras amasaba mi vientre con suavidad, ahí estaba...con Prince y mi pequeña plantita dentro de mí, pero me sentía más sola que nunca.
Unos segundos después escucho como se abre la puerta de la habitación y veo entrar a mi madre despacio, asegurando con su vista la ubicación de Prince, y luego de ubicarlo, posa sus ojos en mi, al observarme no dijo nada, solo entro en silencio, como si, supiera que solo la necesitaba cerca, con suma lentitud se acerco y se sentó junto a mí, soltó un suspiro y tomo mi mano.
.- No tienes que seguir fingiendo con nosotros.- me dice con esa voz que usaba desde que era niña para que pudiera confiar en ella cuando necesitaba desahogarme.
.- No lo entiendo mama...no entiendo en que momento todo se quebró.- negué lentamente con los ojos ya ardiéndome.- Una parte de mi, quiere odiarlo, por no confiar en mi... y la otra...solo quiere abrazarlo, gritarle que estoy aquí... que lo amo...