CAPITULO 53

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"El tiempo, testigo silencioso de promesas y distancias, tejía su eterno ciclo entre el ayer y el ahora

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"El tiempo, testigo silencioso de promesas y distancias, tejía su eterno ciclo entre el ayer y el ahora. En el vaivén de los días, el amor persistía, sembrado en la espera y floreciendo en el reencuentro, mientras una nueva vida latía como eco de lo inevitable."















El eco de mis pasos resonaba en la pista del aeropuerto, mezclándose con el murmullo de la gente y los flashes de los paparazzis que, como buitres, estaban atentos a cada uno de mis movimientos.


"¿Es cierto que Michael la está enviando lejos?"

"¿Se están separando?"

"¿Michael Jackson la abandonó a mitad de la gira?"

Las preguntas eran dagas lanzadas sin piedad. Apreté los labios y mantuve la cabeza cubierta por una gorra negra y unos lentes oscuros, pero dentro de mí, la presión era un torbellino. Sabía que esto pasaría, pero escucharlo en voz alta, con tanta crudeza, me hacía sentir como si estuviera fallando.

Michael iba a abordar su jet privado en otra terminal. No queríamos despedirnos frente a los medios, no les daríamos ese espectáculo, pero eso solo hacía que el dolor fuera más privado, más real.

Bill me acompañaba hasta la puerta de embarque. A su manera, trataba de mantenerse firme, pero en su mirada podía ver algo similar a la preocupación.

.- Si cambia de opinión, llámelo.- me dijo en voz baja, con ese tono entre protector y autoritario que siempre tenía. Yo solo asentí. ¿Cambiar de opinión? No era tan fácil.

Apreté la correa de mi bolso y di una última mirada a mi alrededor. No quería irme. Todo dentro de mí gritaba que debía quedarme. Y entonces, el sonido de mi teléfono me sacó de mis pensamientos.

Michael.

Sentí un nudo en la garganta mientras presionaba el botón verde y me llevaba el teléfono al oído.

.-No te vayas sin despedirte de mí.- Su voz era baja, suave, pero cargada de emoción.

.-No lo haría.- Mi voz se quebró un poco, y me odié por ello. Un silencio corto, de esos que no incomodan, sino que dicen demasiado.

.-¿Dónde estás?.- pregunté, con la esperanza ilusa de que me dijera que todo esto era un error, que vendría por mí.

.-En la pista, viendo cómo te alejas.- Su respuesta me hizo cerrar los ojos con fuerza. Podía imaginarlo, de pie, con sus gafas oscuras, la chaqueta negra y las manos metidas en los bolsillos, conteniendo cada emoción como siempre hacía en público. Pero yo lo conocía demasiado bien.

.-No quiero irme, Michael.- Lo solté. Sin rodeos, sin filtros. ¿Para qué fingir cuando los dos sabíamos la verdad?

.- Lo sé, mi amor. Pero tienes que hacerlo.- Su voz se suavizó aún más, casi como una caricia a través del teléfono.- Tienes que cuidarte.- Tragué saliva y desvié la mirada al suelo.

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