O25

793 95 11
                                        

O25: Marlene McKinnon

Dedicado a: Mi mamá.
Para que vea desde donde sea que esté, que no deje mi sueño de escribir.

Para que vea desde donde sea que esté, que no deje mi sueño de escribir

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Jared POV.
Septiembre 13, 1973.
Entrada al Gran Salón.

Mentiría si dijera que no estaba feliz de que el idiota de Potter pudiera haberse salvado de ser expulsado o algo así al haber asfixiado al idiota de cuarto año de su propia Casa. Claro, eso pudo haber terminado en un homicidio, lo cual hubiera sido fantástico.

Pero claro, en estos momentos no se trataba de él en el centro de mi atención.

Más bien, era la linda chica rubia sentada junto a Lily cercas del borde de la mesa de los leones, por supuesto que reconocía a esa chica, Lily se la presentó en primer año como su compañera de dormitorio junto con otra chica que ahora mismo no recordaba su nombre. El punto es que estaba ahí, su querida melliza junto a la, atractiva rubia, Marlene McKinnon.

Había algo en ella que resultaba hipnótico. Tal vez era la forma en que la luz de las velas flotantes del Gran Salón hacía que su cabello dorado pareciera brillar con un resplandor cálido, como si siempre estuviera bañada por la luz del sol. O quizás era su sonrisa, amplia y sin reservas, que se curvaba con facilidad en su rostro mientras hablaba animadamente con Lily.

Observé cómo gesticulaba con las manos al hablar, su entusiasmo impregnando cada palabra que salía de su boca. Sus dedos se movían con gracia, enfatizando puntos que solo ella y Lily entendían, y cada tanto, lanzaba una risita melodiosa que me hacía pensar en campanas tintineando en la brisa. Era el tipo de risa que hacía que uno quisiera ser el motivo de ella.

Por Merlín, ¿en qué momento me volví un completo idiota romántico?

Apreté la mandíbula, desviando la vista por un instante, intentando no parecer tan obvio. Pero fue inútil. Mi mirada fue atraída de nuevo hacia ella como si fuera un imán.

Marlene tenía una belleza que iba más allá de lo evidente. Sus ojos azul grisáceo eran brillantes, llenos de una chispa de diversión constante, como si estuviera a punto de hacer una broma o de soltar algún comentario sarcástico. Sus labios, siempre curvados en una media sonrisa, tenían un aire travieso, como si conociera algún secreto que el resto del mundo ignoraba.

Llevaba el uniforme de Gryffindor con una despreocupación encantadora: la corbata ligeramente suelta, el suéter un poco grande en las mangas, dándole un aire relajado que contrastaba con la pulcritud de Lily. Había algo rebelde en ella, algo que la hacía destacar incluso entre los leones más alborotadores.

CIRCLES    |    James PotterDonde viven las historias. Descúbrelo ahora