El silencio en la bodega se hizo aún más opresivo cuando Jimin y yo nos enfundamos guantes de cuero negro, el sonido seco del látex deslizándose sobre la piel presagiando la brutalidad que estaba por desatarse. Lia nos miraba con ojos inyectados en sangre, el terror tiñéndolos de un brillo húmedo.
Jimin tomó un taladro pequeño, su broca metálica brillando fríamente bajo la tenue luz. Lo encendió, el zumbido agudo llenando el aire, y lo acercó lentamente al hueso de la rodilla de Lia. Su grito desgarrador fue casi simultáneo al contacto, un sonido que erizaba la piel incluso a los más curtidos. Yo, mientras tanto, había preparado una mezcla espesa de sal y vinagre, que ahora vertía sin piedad sobre las heridas abiertas de sus brazos, cada gota provocando un nuevo espasmo de dolor. El olor acre se mezclaba con el metálico de la sangre.
En la penumbra de la esquina, Taehyung observaba con una impasibilidad pétrea, mientras que Yoongi mantenía una distancia marcada, su rostro una máscara de repulsión apenas velada.
Los alaridos de Lia resonaban en la bodega, un concierto macabro de sufrimiento. Finalmente, su resistencia se desmoronó como un castillo de arena.
- ¡Ya no puedo más! ¡Por Dios, deténganse! - Su voz era un hilo roto, entrecortado por el llanto -. Él... el Ruso... es intocable... una sombra... no podrán alcanzarlo jamás...
La mano de Jimin se estrelló contra su mejilla con un golpe seco y brutal, silenciando su llanto.
- ¡Cállate! No te estoy preguntando sobre su maldito poder. - Su voz era un gruñido bajo y peligroso -. Habla sobre lo que sabes, sobre sus movimientos, sobre sus debilidades. Si no quieres que realmente nos metamos en el papel... y te aseguro que podemos ser mucho más creativos... empieza a hablar ahora.
Las lágrimas corrían sin control por el rostro de Lia, mezclándose con la sangre y el sudor. Su cuerpo temblaba violentamente.
- Oí... una cosa... un susurro... en los bajos fondos... - Su voz apenas era audible, un secreto tembloroso -. Dicen... que el Ruso... tiene un punto débil... algo que lo ata a este mundo... Un heredero... Un hijo.
Un silencio denso se apoderó de la bodega tras las palabras de Lia. Incluso el goteo constante de una tubería en la esquina pareció detenerse. La revelación nos había tomado por sorpresa.
Jimin, con una sonrisa lenta y depredadora curvando sus labios, se inclinó hacia Lia. Sus dedos enguantados sujetaron con firmeza las mejillas hinchadas de la mujer, obligándola a mirarlo a los ojos.
- ¿Un hijo? - Su voz era un susurro peligroso, cargado de una excitación fría -. Dime más, Lia. Cada detalle. ¿Dónde está? ¿Cómo se llama? ¿Qué sabes de él? No me mientas. Tu vida depende de cada palabra que salga de esa boca.
Los ojos de Lia estaban llenos de lágrimas y terror. Su cuerpo temblaba incontrolablemente bajo el agarre de Jimin.
- No... no sé nada más... se los juro... - Su voz era un sollozo entrecortado-. Solo oí eso... un rumor... en un bar... que el Ruso tenía un hijo... No sé su nombre... ni dónde está... Por favor... por favor, ya no me hagan daño... Es todo lo que sé... se los juro por mi vida...
Un escalofrío recorrió la bodega al escuchar la vacilación en la voz de Lia. Finalmente, entre sollozos, confesó:
- Hay alguien... alguien que se mueve en las sombras y podría tener esa información. Pero encontrarlo... es como cazar un fantasma. Es extremadamente peligroso... tiene un poder inmenso en su mundo. Está rodeado de hombres leales y fortificaciones impenetrables.
Mi frustración llegó a su punto álgido. La paciencia, ya de por sí escasa, se desvaneció por completo. Mi mano se movió con la rapidez de un látigo, impactando su mejilla con un chasquido seco que resonó en el silencio.
- ¡Deja de andarte por las ramas y suelta el nombre! ¿Quién es ese contacto y dónde demonios podemos encontrarlo? ¡Necesito un nombre ahora!
Lia gimió, su rostro contraído por el dolor y el miedo. Tras una pausa tensa, susurró un nombre que heló la sangre en mis venas.
- Hiroki... Hiroki Sato... Dicen que... su imperio está en Japón. Allí... allí es intocable.
- Taehyung, quiero que muevas cielo y tierra. - Mi voz era un mandato frío mientras observaba a Lia, su rostro tumefacto -. Investiga a este Hiroki Sato. Quiero saber todo sobre él: su red, sus debilidades, dónde respira. ¡Ahora!
Taehyung asintió sin decir una palabra, su mirada oscura reflejando la seriedad de la orden. Se giró sobre sus talones y salió de la sala de torturas con una determinación silenciosa.
Me incliné sobre Lia, palmeando suavemente sus mejillas ensangrentadas, una sonrisa cruel danzando en mis labios.
- Fuiste una buena chica, Lia. - Mi tono era meloso, casi cariñoso, en contraste con la brutalidad de hace unos instantes.
Me quité los guantes de cuero, el olor metálico de la sangre impregnando mis fosas nasales. Jimin hizo lo mismo, arrojándolos sobre una mesa metálica con desdén. Nos dispusimos a salir de aquel infierno, dejando atrás el eco de sus gritos.
- ¡Por favor! ¡No me maten! - Su voz, débil y quebrada, nos alcanzó justo antes de cruzar el umbral -. Se los suplico, déjenme ir. No diré nada a nadie. Lo juro...
Solté una carcajada fría, volviéndome para mirarla con desprecio.
- ¿Dejarte ir? Cariño, eso no va a suceder. - Mi sonrisa se desvaneció, reemplazada por una frialdad glacial-. Pero si sigues cooperando... si nos das todo lo que sabes... quizás, solo quizás, tengas una pequeña oportunidad de seguir respirando.
Al salir de la atmósfera opresiva de la bodega, vi cómo Jimin se subía al coche con Yoongi. El sonido de la puerta al cerrarse resonó en la noche, marcando su partida. Observé el vehículo alejarse, sintiendo una punzada fría de odio hacia el policía que iba de copiloto. Ese tipo siempre había sido como una piedrita en el zapato.
Taehyung, a mi lado, con la mirada fija en las luces traseras que se desvanecían en la distancia, dejó escapar un gruñido bajo.
- Debiste haberme dejado matarlo hace rato. - Su voz era áspera, refiriéndose al momento de la pistola en la cabeza -. Cuando le tenia el arma apuntando. Habríamos hecho un favor al mundo.
- Créeme, Taehyung, las ganas no me faltaron. - Respondí, apretando la mandíbula. La imagen de la cara de suficiencia de Yoongi todavía me quemaba por dentro -. Ese imbécil me crispa los nervios. Cada vez que abre la boca, una parte de mí quiere arrancársela. Suspiré, frustrado.
- Pero si hubiera apretado el gatillo... Jimin se habría puesto como una fiera. Y sinceramente, no estoy de humor para lidiar con su ira ahora. -Aunque... sí. Estuve a un tris de dejar que le volaras la tapa de los sesos. Maldita sea, la idea todavía me parece tentadora.
Subimos al auto, el silencio entre nosotros pesado y cargado de la tensión residual de la bodega
Durante toda la semana siguiente, me dediqué a una campaña de "paz y amor" dirigida a Jimin. Su oficina se inundó de arreglos florales exóticos, sus papeleras rebosaban de envoltorios de chocolates caros y su escritorio desapareció bajo una avalancha de pequeños obsequios, cada uno elegido con la esperanza de derribar sus muros.
Pero mi esfuerzo fue recibido con un silencio sepulcral. Mis mensajes quedaban sin respuesta, mis llamadas no eran atendidas y parecía haberme convertido en un fantasma a los ojos de Park Jimin. La frustración comenzaba a hacer mella en mi paciencia.
Finalmente, llegué a un punto de inflexión. Si no quería responderme por las buenas, tendría que hacerlo por las malas. Decidí que la cortesía había terminado. Iría directamente a su oficina. Quería ver si, cara a cara, seguiría teniendo el valor de ignorarme. Estaba a punto de averiguarlo.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
FanfictionEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
