Capitulo 26: El despertar de Kitty

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El muelle se convirtió en un matadero en cuestión de segundos. Mis hombres abrieron fuego coordinados con los de Jimin, mientras los francotiradores silenciaban objetivos desde las sombras de las grúas.

​- ¡Jimin! ¿Estás entero? - le grité, cubriéndome tras el metal de la camioneta.

​- ¿Qué clase de "pacto" hiciste con los chinos, Jeon? - bramó él, recargando su arma con una calma que ponía los pelos de punta -. ¡Porque parece que te vendieron por un par de monedas!

​- Hijos de puta. No quedará ni uno vivo para contarlo. ¡Quédate a cubierto, es una orden!

​- ¡A la mierda tus órdenes! - Jimin me dedicó una mirada cargada de fuego -. Voy a enseñarles por qué nadie debería traicionarnos.

​- ¡Jimin! ¡Maldita sea!

​No se detuvo. Quitó el seguro y se lanzó al centro del caos como un espectro de la muerte. Lo vi abatir a seis rusos en un parpadeo; seis disparos, seis sienes reventadas. La precisión de sus movimientos era casi artística, y absolutamente letal.

​La mafia china intentó reorganizarse alrededor de su líder operativa: Jia Li. Ella era la cabeza de la serpiente, la mujer que movía los hilos de la trata y los narcóticos. Si queríamos desmantelar la organización, debíamos capturarla viva; las ovejas siempre se dispersan cuando el pastor cae.

​Jimin agotó su cargador, pero no frenó. Tomó un fusil de asalto de mi furgoneta y barrió el camino. De pronto, cinco mercenarios chinos, corpulentos de casi dos metros armados con barrotes y cuchillos, le cerraron el paso.

​- ¿En serio? - se mofó Jimin, ladeando la cabeza -. ¿Creen que con esos juguetitos van a detenerme?

​- Te cortaremos la garganta y echaremos los restos a los peces -gruñó el más grande.

​- Me gusta ese entusiasmo - Jimin comenzó a enrollarse las mangas de la camisa con una lentitud aterradora-. Entonces, empezaré contigo.

​Yo estaba a unos metros, ocupado con seis tipos, pero no podía dejar de mirarlo. Al subir la tela, Jimin dejó a la vista el tatuaje de la cruz en su muñeca. Los mercenarios se quedaron petrificados.

​- Esa marca... tú eres... K-Kitty... - el terror en su voz fue música para mis oídos.

​- Vaya, parece que mi reputación me precede - Jimin sonrió, y su mirada se volvió de hielo puro -. Soy Kitty. Un placer conocerlos... y un honor ser lo último que verán en esta vida. ¡Que empiece la fiesta!

​Fue un torbellino de sangre. Jimin se movió con una agilidad sobrehumana: derribó a tres de un solo golpe, le arrebató el cuchillo al cuarto y degolló a dos antes de que pudieran gritar. Al quinto le hundió el acero en el cráneo con una fuerza brutal. Murió en el acto.

​Limpió la hoja en la ropa de un cadáver y se puso en cuclillas frente al último hombre, que se desangraba en el suelo.

​- A-ayúdame... por... por favor -suplicó el infeliz.

​- ¿Ayuda? - Jimin acarició su mejilla con la punta del cuchillo ensangrentado -. Soy un ángel de misericordia, así que voy a acabar con tu miseria.

​Con un movimiento seco, le atravesó la cabeza. El suelo se tiñó de un rojo denso de inmediato. Jimin se puso en pie y corrió hacia mí, dándole una patada voladora a uno de los tipos que me rodeaba.

​- ¡Llegué a la fiesta! ¿Me extrañaste? - soltó, disparándole a otro bajo la mandíbula sin siquiera mirar.

​Yo acuchillé a uno y le volé los sesos a otro. Jimin atrapó al último por el cuello, estampándolo contra un contenedor.

​- El único que tiene el privilegio de golpear a este imbécil - dijo señalándome - soy yo. Iba a matarte, idiota, pero me acabo de sentir creativo.

​Le quitó el cuchillo a un muerto y, con una crueldad que me hizo sonreír, le cercenó ambas manos al hombre. Los gritos de agonía fueron ensordecedores. El filo era tan perfecto que el hueso crujió como cristal.

​- Mucho mejor - sentenció Jimin, pateándolo al suelo mientras el hombre se retorcía en su propio charco -. ¿Estás bien, Jeon? ¿Sigues completo?

​- Mejor que nunca - respondí, limpiándome la sangre de la cara -. No sabía que Kitty era tan... sádico.

​- Cúbreme - ordenó, ignorando mi comentario -. Si queremos que los chinos aprendan la lección, hay que atrapar a su reina. Tengo una cuenta pendiente con esa perra.

​- Ni hablar, yo voy por ella.

​- ¡Cállate y cúbreme! No quiero tener que explicarle al FBI por qué traigo tu cadáver en el maletero.

​Obedecí. Avanzamos entre una lluvia de balas hasta que acorralamos a Jia Li tras los contenedores de carga.

​- ¡Jia Li! ¡Mi dulce Jia Li! -gritó Jimin, resguardándose tras un muro-. ¡Sal a jugar!

​- Esa voz... Kitty, mi viejo camarada - respondió ella desde las sombras, con la voz quebrada por la adrenalina-. ¿Cómo terminaste siendo la mascota de los perros del gobierno?

​Salimos de nuestra cobertura, protegiéndonos las espaldas. Abatimos a sus últimos guardias con disparos directos a la frente. La coordinación entre nosotros era absoluta.

​- Li... sabes que yo no sirvo a nadie - le gritó Jimin mientras avanzábamos -. Son los perros los que me sirven a mí. ¿Lo has olvidado?

​- ¡Púdrete, traidor! - rugió ella, vaciando su cargador.

​Jimin me hizo una señal. Flanqueamos su posición y él la desarmó con una patada brutal en la muñeca. Se enzarzaron en una pelea cuerpo a cuerpo salvaje, un intercambio de odio y técnica.

​- No suelo golpear mujeres, Jia, pero tú siempre fuiste una excepción - dijo Jimin, dándole un rodillazo en el plexo y un golpe seco en la mandíbula. Le arrebató el arma y se la puso en la cabeza -. Jaque mate, perra.

​- Ja... no tienes las pelotas para matarme - escupió ella.

​- ¡Él no, pero yo tengo el dedo muy flojo! - intervine, apareciendo detrás de ella y presionando mi cañón contra su nuca.

​Jia Li tragó saliva y levantó las manos. La batalla había terminado; el muelle estaba sembrado de cadáveres. Llevamos a la mujer hasta las camionetas y la esposamos contra el metal.

​Jimin caminó hacia el hombre mutilado que seguía gimiendo en el suelo.

- Oye, ¿te doy una mano? - se burló-. Ah, no, espera... me las quedé yo.

​Jia Li miró la escena y una lágrima de terror puro rodó por su cara. Conocía perfectamente de lo que Kitty era capaz.

​- ¿Qué hacemos con este desperdicio? - preguntó Yongui, señalando al herido.

- Déjalo ahí - respondió Jimin con una frialdad gélida -. Que sea un mensaje para su gente. Que sepan que Kitty ha vuelto.

​Jimin se recostó contra la camioneta y encendió un cigarrillo, inhalando el humo con los ojos cerrados. Me puse a su lado, observando su perfil bajo la luz de la luna. La tensión entre nosotros ya no era solo por la batalla.

​- Parece que tú y Jia se conocían de antes -solté, tratando de sonar casual.

​- Así es - respondió, exhalando una nube gris.

​- ¿Puedo preguntar de dónde exactamente?

​Jimin me miró de reojo, con una chispa de malicia pura bailando en sus ojos oscuros.

- ¿En serio quieres saberlo, Jeon?

​- Tengo una curiosidad insoportable. ¿De dónde sacaste tanta "confianza" con ella?

​Jimin tiró la colilla al suelo y la aplastó lentamente con la bota antes de clavar su mirada en la mía.

-Solía ser mi compañera sexual.

Nos leemos en el siguiente

𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora