El trayecto hacia la bodega fue una guerra de nervios. Jungkook conducía mi auto con una mano en el volante y la otra gesticulando mientras no paraba de soltar veneno.
- Te ves jodidamente bien hoy, Park - soltó, recorriéndome con esa mirada que parece que te desnuda por capas -. Esos jeans... me hacen preguntarme si te los pusiste para impresionarme o si simplemente disfrutas torturarme.
- ¿Quieres callarte de una vez? -respondí, mirando por la ventana para ocultar mi fastidio -. ¿A quién demonios querría impresionar? En este lugar solo hay inútiles, incluyéndote.
- Eso crees tú. Pero sigo pensando que te ves super sexy con ellos, aunque estarías mejor tirado en el suelo de mi habitación sin nada puesto.
- ¡Jungkook! - le espeté, girándome hacia él -. Cierra la boca y dime dónde demonios tienes a Lía.
- ¿A tu "querido amor"? - rio con amargura -. Está en una de mis bodegas de seguridad. Obviamente.
- ¿"Querido amor"? - arqueé una ceja, detectando la nota discordante-. ¿Acaso el gran Jeon Jungkook está celoso de una prisionera?
- ¿Celoso de esa perra? ¡Jamás! -golpeó el volante con la palma de la mano.
- ¿Tan seguro estás?
- Porque lo estaría? Ella no tiene lo que tengo yo - dijo, bajando la voz a un tono peligrosamente ronco -. Ni tiene lo que a ti te gusta de verdad.
- ¿Ah, sí? ¿Y según tu vasto conocimiento, qué es eso que ella no tiene y que a mí tanto me fascina?
- Mi enorme polla.
Le propiné un golpe seco en el hombro que lo hizo tambalearse contra la puerta del conductor. Jungkook soltó una carcajada descarada, observándome de arriba abajo con un morbo que me revolvió el estómago y la sangre a partes iguales.
- Eres un maldito asqueroso. Ya mueve el culo y conduce.
- Te enojas porque sabes que tengo razón, Jimin. Acéptalo.
Llegamos a la bodega, una estructura de concreto masiva custodiada por hombres armados hasta los dientes. El aire aquí olía a óxido y miedo. Bajamos al sótano, un lugar húmedo donde la luz de los tubos fluorescentes parpadeaba como si quisiera rendirse. Dos guardias custodiaban una puerta de acero reforzado.
- ¡Jefe! - exclamó uno de ellos, haciendo una reverencia -. Se ve bien hoy.
- Igual que tú, muchacho. Abran -ordenó Jungkook con una frialdad que sustituyó instantáneamente al tipo juguetón del auto.
Entramos. El olor a hierro y sudor frío nos golpeó de frente. Lía estaba allí, colgada del techo por las muñecas, vestida solo con su ropa interior. Un hombre llamado Bladimir la castigaba con un látigo, mientras otro en la esquina fumaba un cigarrillo, observando el espectáculo con una fascinación enferma.
- Buenas tardes, caballeros - saludó Jungkook, paseándose por la habitación como si estuviera en una galería de arte -. Iba a preguntar cómo iba el progreso, pero veo que la diversión ya ha comenzado. Bladimir, excelente trabajo.
- Jefe, qué honor - el hombre del cigarrillo lo apagó de inmediato -. ¿Y quién es su acompañante?
Iba a presentarme como su socio, pero Jungkook, fiel a su estilo de arruinarlo todo, se adelantó.
- Mi novio. - Sentenció Jungkook sin titubear.
- Su socio - corregí de inmediato, fulminándolo con la mirada.
- Es mi novio, solo que es un poco tímido ante las cámaras - insistió él, dándome un apretón en la cintura.
- Cállate ya. Solo sabes decir estupideces - revoleé los ojos y me alejé para inspeccionar el lugar.
Jungkook hizo una señal y el látigo se detuvo. Caminó hacia Lía, que jadeaba con el cuerpo cubierto de marcas rojas.
- Lía, querida... ¿Cómo va tu estancia? Espero que el servicio de habitaciones sea de tu agrado.
- Púdret-te... imbécil - escupió ella, y lo hizo literalmente. Un proyectil de saliva aterrizó en la mejilla de Jungkook.
Me eché a reír. Ver al intocable Jeon Jungkook limpiándose la cara con una sonrisa gélida no tenía precio.
- Ay, Lía... No quería llegar a esto, pero eres tan difícil - Jungkook se puso unos guantes de látex con una parsimonia aterradora -. Bladimir, quítale el sujetador. No necesitamos obstáculos. El hombre obedeció, dejando el torso de la chica al descubierto.
- Tienes unos senos bonitos -comentó Jungkook con desdén -. Lástima que no sean de mi tipo.
- Pues no sabes cuánto le gustaban a tu "novio", ¿verdad, Jimin? - gruñó Lía, intentando usar nuestro pasado como arma.
- Como tú dijiste, querida: tiempo pasado - Jungkook se interpuso entre nosotros -. ¿Sabes qué le encanta ahora? Esta polla que podría romperte en dos de una sola embestida.
- ¿Pueden cerrar la boca los dos? -intervine, sentado sobre una mesa de metal a unos metros -. Son patéticos. Me están aburriendo con sus dramas de alcoba. Jungkook rio y se sentó frente a ella.
- Bladimir... ¿Recuerdas el "objeto mágico"? Tráelo.
El guardia buscó en un armario y sacó el "aplasta-pulgares". Un instrumento de tortura medieval diseñado para triturar huesos con una presión lenta y agonizante.
- ¿Q-qué es eso? ¿Qué vas a hacer? -el valor de Lía empezó a resquebrajarse.
- Yo nada. Pero Bladimir es un experto en manicura extrema -sonrió Jungkook.
El primer grito fue desgarrador. El sonido del hueso del dedo del pie de Lía siendo triturado llenó la habitación. Yo no aparté la vista. Observaba a Jungkook disfrutar del poder, y para mi sorpresa, sentí una chispa de placer al ver a la mujer que nos había traicionado pagar el precio.
Tras tres dedos destrozados y ninguna información obtenida, Jungkook despidió a sus hombres. Nos quedamos los tres solos en el silencio sepulcral del sótano.
- No quería ser tan duro, Lía, de verdad - Jungkook se levantó y ella volvió a escupirle. Esta vez, la respuesta fue un golpe brutal que le partió el labio -. Si vuelves a hacer eso, te cortaré la lengua. Se acabó el juego.
Sacó una navaja y comenzó a trazar cortes lentos y profundos en los senos de la mujer. Los gritos se convirtieron en sollozos desesperados mientras la sangre corría por su vientre.
- ¡Mátame! ¡Maldito enfermo, mátame de una vez! - aullaba ella.
- ¿Matarte? Eso sería un favor, y yo no hago favores - Jungkook tosió falsamente en su mano, burlándose de su sufrimiento -. Si hablas, puedo considerar ser menos... creativo.
- ¡No te diré nada! ¡Primero muerta!
- Bien. Eres valiente, te lo concedo. Pero no eres inteligente.
Jungkook le tomó el mentón con una fuerza que le amorató la piel y la obligó a mirarlo a los ojos. Su mirada era un abismo oscuro, carente de cualquier rastro de humanidad.
- Te daré tres días, Lía. Tres días de "cortesía" con Bladimir. Si en setenta y dos horas no tengo lo que quiero... vendré yo personalmente. Y te aseguro que desearás no haber nacido.
El tono de su voz me puso los pelos de punta. No era una amenaza vacía; era una promesa. Jungkook es un maniático, un carnicero con traje de diseñador.
- Nos vamos, Jimin. Deja que la perra reflexione.
Antes de salir, Jungkook se detuvo en el umbral, iluminado por la luz mortecina, y la señaló con el dedo ensangrentado.
-Recuérdalo. Tres días.
Luego de esto, salimos de la habitación y nos ocupamos de los demás asuntos pendientes.
ESTÁS LEYENDO
𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
FanfictionEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
