- Conque... compañera sexual - repitió Jungkook, emitiendo una risa seca, cargada de una ironía que no llegaba a sus ojos -. Vaya, quién lo diría de nuestro honorable agente Park.
- ¿Te resulta gracioso, Jeon? -pregunté, sosteniéndole la mirada.
- Es solo que... - volvió a reír, esta vez con una pizca de veneno -. No logro imaginarte siendo el que lleva el control, ya sabes. El de arriba. Es una imagen que mi cerebro simplemente no procesa.
- ¿De verdad? - me acerqué a él, invadiendo su espacio hasta que nuestras respiraciones se mezclaron-. ¿Quieres ponerlo a prueba? Te aseguro que te daría la arrastrada de tu vida y te haría suplicar que me devuelvas el mando.
- Ni de chiste vuelvas a decir esa mierda, Jimin - su mandíbula se tensó al instante y la diversión desapareció de su rostro.
- Ah, ¿entonces ya no es tan divertido? Si tanta gracia te causa, dejemos que la curiosidad te mate. Quizás algún día te deje ser tú quien gemiría mi nombre hasta quedarte sin voz.
Jungkook revoleó los ojos, visiblemente irritado. No dijo nada más; simplemente se dio la vuelta y se alejó con pasos pesados, con ese orgullo herido que siempre saca a relucir cuando no puede dominar la conversación.
A esas horas de la madrugada, regresar a la mansión era una misión suicida por la distancia y el agotamiento. Decidí hospedarme en el hotel más cercano al muelle, un lugar discreto donde Yoongi y el resto del equipo hicieron lo mismo. No podíamos desfilar por la ciudad con el aspecto de haber sobrevivido a un campo de batalla.
Llegué a la habitación, me deshice de la ropa impregnada de pólvora y me metí en la ducha. El agua caliente fue como un bálsamo; necesitaba lavar la sangre ajena y la adrenalina de mi sistema.
Al salir, mi instinto de supervivencia gritó antes que mis sentidos. El seguro de la puerta estaba intacto, pero la pequeña nota adhesiva que siempre coloco estratégicamente en el marco para detectar intrusos ya no estaba. Se había caído hacia afuera. Alguien había entrado.
Tomé aire, regresé al baño con calma fingida y empuñé mi Glock. Salí a la estancia principal aún en bata, apuntando con firmeza a la penumbra.
- Si prefieres ahorrarte una bala en la rodilla, te sugiero que salgas de donde estés y dejes de esconderte como una rata - sentencié con voz gélida.
De repente, sentí unas manos firmes rodear mi cintura desde atrás y el calor de una respiración familiar golpeando mi nuca.
- Tu astucia sigue impresionándome, pero tu hospitalidad deja mucho que desear, Tigre - susurró la voz grave de Jungkook.
- Quita tus manos de mí - ordené, aunque mi pulso me traicionaba.
Tiré de sus brazos con fuerza para liberarme. Él soltó una risa baja y vibrante. Lo ignoré y caminé hacia la cama, donde me esperaba la ropa limpia.
- ¿Se puede saber qué haces aquí? Menudo hotel de pacotilla que deja colar a cualquier bicho rastrero en las habitaciones de los huéspedes - bufé, dándole la espalda.
- Hasta la pregunta ofende. No me "colé", Jimin. Digamos que convencí al recepcionista de que necesitaba unas vacaciones urgentes.
- No puedes ir por ahí quitando de en medio a civiles, Jeon. Es ilegal, por si se te olvidó tu condición de ciudadano.
- ¿Qué comes que adivinas?
- ¡Maldición! - me giré, alarmado -. ¿En serio los mataste?
- No, mi amor, relájate - respondió él, desparramándose en un sillón con una elegancia criminal -. Solo los despojé de sus turnos por unas horas. Siguen con vida... por ahora.
- ¿Los secuestraste? ¿Drogas? Es tan predecible en ti...
- ¡Por Dios! Solo los soborné con una cantidad de dinero que no verán en diez vidas. El dinero abre más puertas que las llaves, Tigre.
- Qué triste desperdicio de fortuna. Lamento decirte que tu visita terminó. Largo de aquí.
- Pero si acabo de llegar... -protestó con esa mirada de cachorro herido que sabía que era falsa.
- No me importa. Vete. Estoy agotado y necesito dormir antes de que el deber me llame de nuevo.
- Si ese es el problema, descansemos juntos - propuso, levantándose y acortando la distancia con lentitud felina.
- No. Te conozco y sé que no vienes a dormir. Mi gente está en este pasillo, Jungkook. Si te ven salir de aquí al amanecer, nuestra sociedad profesional se va al carajo.
- ¿Y de verdad te importa lo que piensen esos subordinados?
- Me importa el perfil bajo que acordamos. ¿O es que tu propia mercancía te está quemando las neuronas?
- No consumo veneno, lo sabes bien
dijo, empezando a desabotonarse la camisa sin pedir permiso -. Y ya que estoy aquí, voy a tomar una ducha en tu baño. ¿Te molesta?
- Sería bueno que preguntaras antes de quedar desnudo en mi habitación, ¿no crees?
- Es mejor pedir perdón que permiso. No tardo.
Entró al baño y el sonido del agua inundó la habitación. Revoleé los ojos, pero no hice nada. Sabía que ganar esta discusión era imposible. Me vestí rápido y me metí en la cama, buscando el calor de las mantas. El frío de la madrugada era cortante.
Minutos después, sentí el colchón hundirse bajo su peso. Jungkook se deslizó a mi lado y me rodeó por la espalda, pegando su pecho caliente contra mi columna.
- Ni lo intentes - advertí sin abrir los ojos -, porque te juro que te saco de aquí por la ventana.
- ¿De qué hablas? - preguntó con una inocencia que me daban ganas de golpear.
- No te hagas el santo. Sabes perfectamente a qué me refiero.
- No todo es sexo, Jimin. Sé que soy un sátiro, pero créeme, hoy solo quiero cerrar los ojos. Me ofende que me veas como un animal... si soy un ángel.
- Un ángel caído en un pozo de estiércol, querrás decir.
Jungkook soltó una carcajada que me recorrió la espalda y hundió su cabeza en el hueco de mi cuello.
- Hueles delicioso, tigre.
- Gracias. ¿Podemos dormir de una vez?
- ¿Tienes sueño? - preguntó, juguetón.
- ¿Es en serio? Me sacas de la cama a medianoche, nos matamos a tiros con mafias internacionales y me preguntas si tengo sueño. No mames, Jungkook. Duérmete ya.
- Vale, vale. Buenas noches, mi amor.
- Deja de llamarme así... y cierra los ojos.
Me acomodé y él me estrechó con más fuerza. No protesté. Su calor corporal era el refugio perfecto contra el frío del hotel y, en segundos, el peso del día me arrastró a un sueño profundo, envuelto en los brazos del hombre que se supone debía capturar.
Nos leemos en el siegunte.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
Fiksi PenggemarEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
