NADINE
El wolfsbane sigue corriendo por mis venas como una corriente de ácido sordo.
Siento el veneno arder mientras atraviesa mi torrente sanguíneo, tenue pero constante. Los mareos por fin han disminuido, pero permanece ese cansancio abrumador, una sequedad en la garganta y una debilidad que me ruega agua a gritos para reanimar este cuerpo maltrecho.
La falta de alimento tampoco ayuda. Conrad decidió castigarme dejándome sin almuerzo ni cena ayer; supongo que fue su venganza infantil por haberle rajado la mejilla con las uñas cuando cometió el error de acercarse demasiado mientras intentaba meterme comida a la fuerza.
El crujido seco de las tablas de madera en el techo del sótano me avisa su llegada.
No tarda en descender los escalones. Hay una cicatriz fresca, rojiza y aún en proceso de curación en su mejilla izquierda. Ver esa marca me provoca una oleada de satisfacción sádica, un soplo de aire fresco en medio de este maldito infierno. Pero voy a aguantar. Sé que voy a aguantar.
—Veo que al fin aprendiste la lección de ayer —dice con voz falsa y melodramática, sosteniendo un plato humeante con comida recién hecha.
El aroma a grasa me hace agua la boca de inmediato. Mi cuerpo se siente ridículamente pesado, torpe, como si estuviera al borde de un coma etílico y hubiera perdido el control total sobre mis extremidades. Le sostengo la mirada, pero guardo silencio, vigilando cada uno de sus movimientos.
—Eres demasiado testaruda para tu propio bienestar, nena —añade.
Se sienta en un banco de madera justo frente a mí y me acerca el primer bocado. Ni siquiera me detengo a saborear el huevo frito; me lo trago entero, casi sin masticar, devorando cada porción como si la comida fuera a evaporarse en el aire. En cuanto termino, Conrad saca un trapo sucio y me limpia la boca con un desdén irritante. La glucosa en mi sangre me devuelve un ápice de energía, el suficiente para formular la duda que me carcome las entrañas.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —mormuro, manteniendo la voz raspada.
—Depende de la pregunta.
—Es solo curiosidad...
—Adelante —responde mientras revisa los candados de mis cadenas, asegurándose de que estén bien fijos, antes de caminar hacia la mesa donde tiene los frascos y las jeringas de veneno.
—¿Fuiste tú el que enviaba las cartas anónimas a la academia?
Conrad se congela por dos segundos exactos con la aguja en la mano. Luego, lentamente, termina de cargar la jeringa y se da la vuelta con una sonrisa retorcida que me revuelve las tripas.
—Por supuesto que fui yo, nena. En cuanto di con tu paradero, mi único objetivo era empezar a destrozarte la mente desde lejos —se acerca a mí a pasadas rápidas, me toma del brazo roto con una fuerza brutal e hinca la aguja de wolfsbane sin delicadeza alguna— Desde el día del incendio... Ese día, cuando vi salir a los paramédicos con dos cadáveres carbonizados, supe que tú habías sobrevivido. Te atreviste a intentar matarme, Nadine. Pero lo que jamás se me va a borrar de la memoria es ver a mi propio hermano reducido a cenizas por tu culpa.
—Papá era un monstruo enfermo... exactamente igual a ti —contraataco, apretando los puños.
—¿Y Aaron? —espira él, clavando la mirada en mis ojos— El pobre e inocente angelito.
—No tienes ningún jodido derecho a pronunciar su nombre —rechino los dientes. Siento el estómago revolvérseme por la inyección reciente, pero el dolor... el dolor ya no me tumba. Mi cuerpo está empezando a digerirlo.
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Wolf Academy
RomantikUn monstruo no se crea en la oscuridad; aprende a sobrevivir en ella. Huir de un pasado sangriento me trajo directo a la Wolf Academy, un lugar que prometía ser un refugio y terminó convirtiéndose en mi peor pesadilla. Aquí, el dolor no solo se recu...
