Capítulo 32:
Aliados (2)
El pasillo hacia los laboratorios de investigación era silencioso, iluminado por luces blancas frías que parpadeaban ocasionalmente. Gwen caminaba al lado de Albedo, quien, aunque aún se recuperaba, había insistido en visitar el núcleo tecnológico de los héroes. Sus pasos resonaban con una mezcla de determinación y desdén.
—¿Seguro que estás bien? —preguntó Gwen con una mirada preocupada.
—No del todo —respondió Albedo con su típica sonrisa arrogante—. Pero ya he estado peor... además, quiero ver con mis propios ojos el "milagroso" centro de desarrollo de tecnología que tienen aquí.
Gwen frunció los labios. Algo le decía que eso no era una visita amistosa.
Las puertas se abrieron con un suave siseo. El laboratorio era una amalgama caótica de máquinas, pantallas flotantes, brazos robóticos suspendidos del techo, y humo saliendo de alguna parte donde claramente no debía haber fuego. En medio del desastre, Blukic y Driba, dos pequeños alienígenas de aspecto anfibio, discutían entre ellos mientras intentaban recalibrar una consola que parpadeaba en rojo.
—¡Te dije que era el cable azul! —gritó Blukic, tirándose de las orejas.
—¡No! ¡Era el verde! El azul era del protocolo de seguridad secundaria. ¡No me grites! —replicó Driba, tirando de una palanca que soltó chispas peligrosas.
—Veo que el conocimiento está en buenas manos —comentó Albedo, cruzándose de brazos mientras los observaba con una ceja arqueada.
Los dos alienígenas se dieron vuelta lentamente. Cuando vieron a Gwen, sonrieron ampliamente. Cuando vieron a Albedo... palidecieron, lo cual era bastante impresionante para seres de piel gris.
—¿N-no estabas preso? —tartamudeó Blukic.
—Preso... —Albedo repitió con una sonrisa fría. —Qué palabra tan limitada. —Si te refieres a estar preso con mentes tan inferiores como la tuya, entonces tienes razón.
Driba tragó saliva.
—Nosotros somos los encargados de la sección de desarrollo de armamento e investigación —intentó defenderse Blukic, con una postura repentinamente altiva.
—Oh, lo sé —dijo Albedo caminando lentamente hacia la consola. —¿Fue tu brillante idea usar un campo de torsión inversa para estabilizar el vórtice? Qué adorable. ¿Qué sigue? ¿Mezclar café en sus bebidas para aumentar el rendimiento?
El silencio cayó como una losa de plomo.
—Pero... eso era una teoría sólida... ir en contra de las fuerzas ayudara en la extracción de energía de la singularidad —murmuró Driba.
Albedo pulsó un par de teclas. La consola emitió un pitido suave y de inmediato se estabilizó. Todos los errores desaparecieron.
—La variable que olvidaron fue el retardo térmico residual del microespacio. Una estupidez de nivel infantil.
Gwen no pudo evitar reírse por lo bajo. Aunque no aprobaba su altanería, tenía que admitir que verlo en acción era entretenido.
Blukic y Driba bajaron las cabezas. Su orgullo tecnológico acababa de ser desmantelado en menos de un minuto.
—Pero no se preocupen —añadió Albedo mientras se giraba hacia la salida con Gwen. —Para alguien con su nivel de intelecto, saber cuál es el extremo afilado de un cuchillo ya es admirable.
El silencio que había dejado la humillación aún flotaba en el aire cuando Albedo continúo moviéndose hacia una de las pantallas.
—Ah, se me olvidaba algo importante.
ESTÁS LEYENDO
Albedo en DxD
FanfictionTras el enfrentamiento entre los Ben malvados de otras dimensiones. Albedo despierta en el mundo de high school DxD. Descubre como afecta la llegada de Albedo al mundo DxD, y que repercusiones tiene esto en el mismo Albedo.
