Capítulo 35: Reconocimiento. (2)

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Capítulo 35:

Reconocimiento. (2)

Albedo caminaba en silencio por los largos pasillos curvos de Galvan Prime, rumbo al que alguna vez fue su laboratorio personal. A su alrededor, los pequeños Galvan lo evitaban con miradas recelosas o susurros apenas contenidos, como si su sola presencia contaminara el aire.

No era eso lo que le incomodaba.

Su ceño fruncido no era de frustración, ni siquiera de rabia. Era de algo más raro. Más humano.

—"Ya estás en esa edad..." —recordó con claridad el tono sarcástico de Azmuth, burlándose con una sonrisita maliciosa tras sus palabras. —Un rebelde con un recién adquirido complejo de héroe, rodeado de mujeres jóvenes ¿O te imaginas un glorioso final abrazado a tu harem, como en esas absurdas historias humanas?

Las palabras le habían dado justo en el ego. Peor aún: le habían rozado algo que dolía.

Albedo suspiró, sintiendo una punzada de vergüenza recorrerle el pecho. Se pasó una mano por el cabello plateado, despeinándolo ligeramente.

—Ridículo... —murmuró, sin saber si hablaba de Azmuth o de sí mismo. Albedo se detuvo frente a la puerta del laboratorio. Era la misma de antes. Su vieja firma genética aún visible, apenas perceptible para ojos humanos, pero nítida para él.

El panel brilló al reconocerlo, y con un leve sonido hidráulico, la puerta se abrió... revelando un pasado congelado en el tiempo.

Las dudas, las palabras de Azmuth, las burlas... se quedaron atrás.

Las puertas del antiguo laboratorio se abrieron con un siseo suave, liberando un aire frío y limpio. La iluminación automática parpadeó unos instantes antes de estabilizarse en un tono blanco verdoso. Albedo dio un paso lento hacia el interior, y el sonido de sus pisadas contra el suelo metálico retumbó como una sombra del pasado.

Todo... estaba igual.

Las mesas flotantes, los brazos mecánicos suspendidos desde el techo, los proyectores holográficos, las paredes repletas de fórmulas complejas, y el gran visor de análisis en el fondo que solía proyectar la estructura molecular de cada proyecto. Incluso el viejo banco de trabajo donde solía pasar noches enteras, sin dormir, por miedo a decepcionar a Azmuth.

Nada estaba cubierto por polvo. Ningún instrumento mostraba señales de deterioro.

Albedo avanzó, lento, con la vista fija en cada rincón como si no lo creyera. Pasó una mano por el borde de una consola, sintiendo la suave superficie vibrar ligeramente al reconocer su código genético. La pantalla se encendió con su antigua firma: ALBEDO-00A. ACCESO COMPLETO.

—No lo cerró... —susurró, con una mezcla de sorpresa y desconcierto.

Una emoción extraña le trepó por el pecho. No era exactamente tristeza. Tampoco alegría. Era esa sensación confusa de ver un fragmento de tu vida detenido en el tiempo... esperándote.

Se detuvo frente a un estante, donde aún estaban colocadas sus herramientas personales, perfectamente ordenadas. Incluso el pequeño generador portátil que él mismo había ensamblado durante su primer ciclo como asistente seguía ahí. Recordaba cuántas veces Azmuth lo había llamado "innecesario", y aun así lo había dejado conservarlo.

—Tantas horas aquí... —murmuró. Su reflejo se dibujaba sobre una cápsula de cristal donde alguna vez había trabajado con prototipos de ADN artificial. Se vio a sí mismo, más joven, con túnicas galvan y una mirada hambrienta de aprobación.

De pronto, un zumbido suave le indicó que una grabación antigua había sido reactivada. Una proyección apareció en el aire: era Azmuth, grabado holográficamente, de espaldas.

Albedo en DxDHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora