Capítulo 36: Regreso, batalla y final.

1.2K 107 190
                                        

Capítulo 36:

Regreso, batalla y final.

El cuerpo de Albedo emergió del resplandor puro del portal, sus botas negras tocaron una superficie que no era exactamente suelo. A su alrededor, la realidad era un río sin cauce: infinitas dimensiones flotaban suspendidas como cristales colosales, titilando en un abismo sin fin. Cada una era una burbuja viva, vibrante, reflejando mundos tan distintos como imposibles.

A su derecha, una dimensión parecía contener un festival eterno, con chicas mágicas volando sobre escobas mientras saludaban a espectadores invisibles. A su izquierda, vio titanes colosales luchando contra humanos armados con tecnología rudimentaria, mientras una joven de bufanda roja miraba al horizonte con determinación. Incluso vislumbró, por un segundo, a un joven con cabello verde siendo golpeado por una montaña de carne mientras gritaba algo sobre "¡más del 100 por ciento!".

Era fascinante, casi absorbente. Pero Albedo no podía quedarse.

Había puesto las coordenadas. La ruta estaba trazada con una precisión absoluta. Desviarse, incluso para estudiar una dimensión más, podría alterar los cálculos. Y ahora más que nunca, el error no era una opción.

Con un leve destello, el portal comenzó a cerrarse detrás de él, mientras el multiverso se alejaba, dejándolo de nuevo en un plano conocido. El suelo bajo sus pies ya no era translúcido ni abstracto. Era tierra. Rocosa. Secada por el sol... y destruida.

La siguiente imagen lo golpeó como una ola de hielo.

Frente a él se extendía un páramo gigantesco. Una herida abierta en el mundo. Kilómetros y kilómetros de terreno quebrado, ennegrecido, muerto. Donde antes se alzaba la Fortaleza del Norte, el bastión más impenetrable de las fuerzas de la resistencia demoníaca, ahora solo quedaba un cráter tan vasto que el horizonte temblaba.

Las mujeres lo esperaban allí, en silencio.

Gabriel fue la primera en mirarlo, con una mezcla de alivio y angustia. Ellen y Eleonora estaban juntas, con los rostros tensos, mirando el paisaje. Grayfia no decía nada, pero sus ojos inertes apuntaban al centro del cráter como si pudieran atravesar la tierra. Kasia, normalmente vivaz, solo cruzó los brazos con el ceño fruncido.

Ophis flotaba detrás, callada. Su expresión era ilegible, pero incluso para Albedo, su silencio era más pesado que cualquier palabra.

—Llegaste —dijo Ellen, sin rodeos.

—Tarde, parece —respondió Albedo, escaneando los alrededores. Los satélites mágicos que había dejado en esa dimensión estaban todos muertos. El aire estaba saturado de energía residual. Magia pura, distorsionada, como si el tejido de la realidad hubiese sido rasgado desde dentro.

—Esto no es solo destrucción —comentó Eleonora—. Es... como si algo hubiera succionado la vida misma del lugar.

—La fortaleza tenía defensas para soportar un asedio de años —murmuró Grayfia—. Esto no fue una simple explosión. Fue algo... diseñado para aniquilar.

Albedo caminó hasta el borde del cráter. Desde allí, podía ver los restos calcinados de estructuras metálicas, obeliscos de poder que alguna vez habían sido parte del sistema defensivo. Ahora eran carbón retorcido.

—¿Qué pudo haber hecho esto? —preguntó Kasia, mirando a Albedo.

Este no respondió enseguida. Cerró los ojos, conectándose con los sensores internos de sus nanites. Analizó el aire, el suelo, los residuos de energía. Su expresión se volvió más dura con cada segundo.

Sirzechs.
Probablemente creyó que el portal que los devoró fue una ejecución exitosa. Pero debió surgirle la duda. Y con la duda, vino el miedo. ¿Y si Albedo sobrevivió? ¿Y si regresaba algún día? Nadie conoce mejor que Sirzechs la clase de mente que posee Albedo.

Albedo en DxDHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora