Capítulo 33:
Aliados. (3)
—¡Mis hijos...! ¡MIS HIJOS DESPIERTAN! —gritó, con una voz desgarrada entre carcajada y éxtasis. —¡Yo soy el nuevo Prometeo! ¡Yo robé el fuego de los dioses y lo inyecté en las venas del barro humano! ¡Y ahora mírenlos! ¡Inmortales! ¡Irrompibles! ¡UNA NUEVA HUMANIDAD! ¡ECLIPSE NATUS EST!
En lo alto, empalado sobre una pasarela oxidada y agrietada por la energía residual, Faust extendió los brazos, con una sonrisa desfigurada y vacía.
—¡Sean testigos del nuevo mundo! —gritó con voz estallando de locura. —¡Un mundo sin límites! ¡Un mundo hecho a mi imagen!
Bajo sus pies, cientos de cápsulas comenzaron a abrirse.
Los pestillos saltaban, el vapor escapaba, y de ellas emergían las criaturas nacidas del Proyecto Fusión: humanos y alienígenas unidos en carne viva, deformados, soldados como barro a la fuerza mediante técnicas prohibidas.
Un rugido gutural se elevó en el aire, y luego otro.
Uno de ellos, con tres brazos saliendo de su pecho abierto y un ojo verde vibrando en la frente, dejó escapar un alarido que se transformó en una risa entrecortada. Otro tenía una columna visible por la espalda y dos mandíbulas sobrepuestas como una trampa de oso.
Pero lo peor no era su aspecto.
Lo peor eran los que aún conservaban algo de conciencia.
—Ayuda...
—Mátenme...
—¿Mamá...?
Frases sueltas, cargadas de desesperación, de una mente rota tratando de gritar desde dentro del infierno.
Kasia dio un paso atrás, apretando los dientes.
—Estos... no deberían existir...
Gabriel tembló, pero no de miedo. Sus manos brillaron con luz sagrada.
—Debemos darles paz.
Faust reía. —¡La evolución perfecta! ¡La superación de los límites! ¡Miren lo que creé! ¡Miren lo que soy!
Albedo no dijo nada. Solo observó, con una expresión que mezclaba asco y furia.
Los sistemas del lugar comenzaron a fallar por la energía liberada por los especímenes Eclipse. Algunas criaturas se arrastraban por las paredes, otras corrían como bestias ciegas. Un ejército entero.
Eleonora levantó su brazo.
—¿Lista, Ellen?
—Siempre —respondió la joven con su lanza en mano, la armadura activándose con un zumbido que erizó la piel de todos.
—No hay marcha atrás —dijo Grayfia en voz baja, sus ojos brillando con magia demoníaca.
Gabriel voló hacia el cielo dentro del hangar, extendiendo sus alas con una explosión de luz.
—¡En nombre del cielo... lo purificaré todo!
Ophis no se movió. Solo flotó al lado de Albedo, con los ojos clavados en Faust.
Y entonces, las bestias cargaron.
Un tsunami de carne mutada, de zarpas, de bocas desfiguradas, de implantes cibernéticos y órganos mágicos deformados.
Un grito colectivo—una mezcla entre un aullido animal y una súplica humana—se estrelló contra el grupo.
La batalla final había comenzado.
Los horrores salieron como una marea negra y palpitante, como si el infierno hubiera vomitado su contenido más aberrante. Mandíbulas metálicas, cuerpos con cables colgando, carne fundida con placas de metal y ojos que no parpadeaban. No eran soldados, eran maldiciones con patas.
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Albedo en DxD
FanfictionTras el enfrentamiento entre los Ben malvados de otras dimensiones. Albedo despierta en el mundo de high school DxD. Descubre como afecta la llegada de Albedo al mundo DxD, y que repercusiones tiene esto en el mismo Albedo.
