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𝐙𝐀𝐇𝐈𝐑𝐀

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𝐙𝐀𝐇𝐈𝐑𝐀.

—¿Me pasas esa caja? —pregunté, apuntando con la barbilla hacia el cartón lleno de ropa que estaba junto a la cama.

Estaba recogiendo mis cosas del departamento de Samy. Aunque técnicamente no me había quedado mucho tiempo con ella, me había vuelto a acostumbrar a su cercanía. A verla todas las mañanas en pijama, a escucharla reírse con sus tonterías mientras hacía streams o se quejaba de que no limpiaba nada.

Samy resopló, dejó su celular a un lado y se levantó de la alfombra para alcanzarme la caja.

—No entiendo por qué te vas otra vez —dijo mientras me la pasaba—. ¿Acaso no es más fácil quedarte y ya? Te dije que no me molesta estar contigo.

— Lo sé, pero no quiero incomodarte. Además, quiero mi propio espacio.

—Lo sé, pero no quiero incomodarte. Además, quiero mi propio espacio —respondí, bajando la caja al suelo con cuidado.

Samy levantó una ceja, cruzándose de brazos.

—¿Tú quieres espacio? —soltó una risa sarcástica—. Tú eres la que se mete en mi cama cada vez que escucha un ruido raro en la noche.

—¡Eso fue una vez! —me defendí, aunque sabía que no era cierto.

—Fueron tres.

Rodé los ojos y seguí metiendo cosas en una mochila abierta sobre la cama.

—No vas a extrañarme tanto —dije con un tono ligero—. Además, no es como si me fuera a otro país... voy a vivir con Liam, no a Marte.

—Todavía estás a tiempo de venir conmigo a España —insistió—. Nos la pasaríamos bien.

— Te dije que voy si pasan a la final. — le recuerdo.

— Bien, pero eso no quita que me vayas a dejar sola.

—Dramática.

Samy me lanzó un cojín pequeño que rebotó contra mi hombro.

—¿Y estás segura de vivir con Liam? —preguntó de pronto, en tono más serio.

Me detuve un segundo, abrazando una sudadera antes de meterla en la maleta.

—Sí —respondí con una sonrisa tranquila—. Ya vivimos juntos cuando estaba en Canadá, ¿te acuerdas? Es súper tranquilo. Además, puede cocinarme

Samy puso los ojos en blanco, aunque no pudo evitar sonreír.

—Qué conveniente. O sea que te vas por la comida.

—Obvio —bromeé — ¿cómo podría resistirme?

Ambas reímos, pero el silencio que vino después fue distinto. Más denso. Más real.

—¿Me vas a extrañar? —preguntó en voz baja.

Dejé lo que tenía en las manos y me acerqué para abrazarla.

𝐄𝐍𝐂𝐇𝐀𝐍𝐓𝐄𝐃 || 𝖤𝖫 𝖬𝖠𝖱𝖨𝖠𝖭𝖠 ||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora