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𝐙𝐀𝐇𝐈𝐑𝐀

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𝐙𝐀𝐇𝐈𝐑𝐀.

Esa noche, cuando Samy y Félix se fueron y el departamento quedó en silencio, el cambio se sintió de verdad.

Liam ya estaba acomodando cosas en su estudio. Yo me quedé en mi cuarto nuevo, que todavía no se sentía mío, sentada en el piso, rodeada de cajas sin abrir. El aire olía a cartón, a pintura fresca y a esa mezcla rara de emoción con miedo que siempre aparece antes de empezar algo.

Saqué el celular casi sin pensarlo.

Había un mensaje de Osvaldo.

Valdo:
¿Cómo va la mudanza?

Yo:
Sigo viva.
Eso ya es ganancia.

Tardó poco en responder.

Valdo:
¿Todo bien?

Miré la caja donde tenía guardada la cámara, el micrófono y los cables que había comprado semanas atrás y que seguían ahí, intactos.

Yo:
Más o menos.
Creo que necesito ayuda.

Los tres puntitos aparecieron casi de inmediato.

Valdo:
¿Voy?

Sonreí sin darme cuenta.

Yo:
Mañana.
Si no te molesta.

Valdo:
Nunca.

Al día siguiente, Osvaldo llegó con café y esa calma suya que siempre hacía que todo pareciera menos grave.

—¿Por dónde empezamos? —preguntó, dejando el vaso sobre la mesa.

Señalé la caja cerrada.

—Por aceptar que no tengo idea de lo que estoy haciendo.

Se rio bajito.

—Eso ya es un buen inicio.

Sacamos todo sobre el escritorio: la cámara, el micrófono, los soportes, los cables enredados que parecían multiplicarse solos. Osvaldo los fue separando con paciencia, explicándome cada cosa sin hacerme sentir tonta.

—Esto va aquí... y esto no —dijo, apartando un cable—. Esto último nunca va a ningún lado útil.

—Gracias por la claridad —murmuré.

Osvaldo sonrió apenas, concentrado mientras conectaba la cámara al trípode.

—Oye —dijo sin mirarme—, si en algún momento te sientes rara, me dices. No hay prisa.

Asentí, aunque no estaba segura de qué se suponía que tenía que sentir. ¿Emoción? ¿Seguridad? ¿Algo más claro que este nudo suave en el pecho?

Liam apareció en la puerta con una botella de agua en la mano.

𝐄𝐍𝐂𝐇𝐀𝐍𝐓𝐄𝐃 || 𝖤𝖫 𝖬𝖠𝖱𝖨𝖠𝖭𝖠 ||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora