PRIMAVERA: TREINTA Y UNO

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PRIMAVERA: TREINTA Y UNO

Mauricio apareció en casa de Sebastian con una bolsa de regalo y una cesta de frutas, cuando el empleado anunció al visitante el Alpha estuvo a punto de echarlo, sin embargo, resultó que Mauricio no venía a verlo a él, sino que, estaba allí para visitar a Dante. El Omega recibió a Mauricio con Daniel dormitando en el fular, mientras el bebé dormía pegado al cuerpo de su madre con una expresión tranquila, Sebastian rechinaba los dientes con un aura amenazante; la visita de Mauricio no era algo agradable para Sebastian que lo consideraba su archienemigo y con justa razón, además, ese es el hogar de la familia y Mauricio es un intruso, en el mundo salvaje Sebastian se lanzaría sobre él para echarlo o matarlo y así proteger su madriguera.

―Algo para el bebé― dijo Mauricio extendiendo la bolsa de regalo a Dante, aunque su gesto era tosco y frío, el Omega reconoció un brillo de interés en los ojos del primo de su esposo ―Y esto es para ti, mi secretaria dice que estas cosas son buenas después del parto― la canasta de fruta también fue ofrecida en dirección del Omega.

―Gracias Mauricio, es muy considerado de tu parte― agradeció Dante haciendo que uno de los empleados tome los obsequios y los ubique en la habitación de Daniel y la cocina respectivamente ―Admito que llegué a pensar que no vendrías a visitarnos.

―El trabajo me retrasó, pero, soy un hombre de palabra― Mauricio esbozó una sonrisa que intentaba ser amable, pero, lucía más como un gesto acartonado que no armoniza con su rostro.

―Mi amor, tengo algo que tratar con Mauricio, cuida de nuestro Danny ¿sí?― Dante fue hasta donde Sebastian los observaba sentado con expresión amenazante, cuidando de no despertar a Daniel lo depositó en los brazos de Sebastian; dejó un beso en la frente de su hijo y otro en las mejillas de su esposo, entonces, invitó a Mauricio a su oficina.

El lugar estaba lleno de estanterías con libros de medicina y otros temas de ciencia, la luz entraba suavemente por el enorme ventanal y a su vez, dejaba ver la nieve caer suavemente en el jardín, la pequeña chimenea encendida permitía escuchar el sonido suave y tranquilo del crepitar de la madera ardiendo y en el ambiente flotaban las feromonas de Dante empapadas de algo dulce y espeso que acaricia el corazón.

―Toma asiento por favor― invitó el Omega con un gesto suave y elegante que fascinó a Mauricio.

―Te ves bien― comentó el Alpha cuando ambos estuvieron cómodos en sus respectivas sillas y con la atención puesta en los asuntos a tratar ―Parece que la maternidad no te ha robado nada.

―Con Sebastian ejerciendo su paternidad las cosas han resultado mejor, no dormimos, pero, me siento apoyado― comentó Dante satisfecho.

Mauricio tamborileó los dedos en el brazo de la silla como si estuviese considerando algo realmente importante, por supuesto que esa visita no era cortesía, había algo pendiente entre ellos, la propuesta de Dante nunca recibió respuesta, Mauricio guardó silencio desde aquella reunión familiar, pero, sería tonto asumir que ese silencio era una respuesta afirmativa.

―Tenía muchas dudas sobre el trato que propusiste― Mauricio decidió abordar el tema entre ellos ―¿Cómo puedo estar seguro que Sebastian no irá tras de mí si acepto mantenerme al margen?

―De eso me encargaré yo, mi esposo no hará nada en tu contra.

―¿Cómo puedo estar seguro? ¿Qué garantía tengo?― preguntó Mauricio con esa actitud típica de un hombre de negocios.

―Tienes mi palabra― comentó Dante con simpleza ―Pero, si eso no te es suficiente, creo que deberías quedarte a cenar.

―¿Me ofreces una cena como garantía?― Mauricio sonrió divertido por lo inocente que parecía Dante con esa propuesta.

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