VEINTIDÓS
La habitación se llenó de una bruma intensa de feromonas dulces y amaderadas, Alpha y Omega se abrazaban con intensidad sobre la cama, las caricias iban y venían y la lencería hace mucho que fue hecha girones por el Alpha hambriento de su pareja. La glándula 0 del Omega se había humedecido por la excitación dejando que una gota dulce de la esencia escape para el deleite del Alpha que se alimentó de ella con una sonrisa satisfecha; Sebastian lamía y succionaba los pezones de Dante a un ritmo lento y tortuoso, la persona bajo el cuerpo del Alpha se retorcía gracias a las olas de placer que causaba su pareja en él. Sus manos apretaban con fuerza las sábanas y sus labios presionados fuertemente entre ellos impedían que los gemidos escaparan.
Sebastian soltó los pezones de Dante y dirigió su atención a una zona del cuerpo de su esposo que le apetecía atender, sin embargo, antes de que pudiera encontrarse con la entrepierna de Dante fue empujado por el Omega y de pronto, ahora era él quien estaba sobre la cama y aquel ángel de mirada de oro tomaba el control. Dante observó a su esposo con la mirada llena de deseo, sus labios besaron suavemente la manzana de adán de Sebastian y en un hilo de besos bajó por su torso hasta dar con aquella erección que palpitaba ansiosa de ser atendida; era la primera vez que estaba dispuesto a poner ese miembro en el interior de su boca, el tamaño era impresionante y necesitó tragar grueso antes de decidirse a succionarlo. Ansioso abrió la boca para atender a su esposo, sin embargo, la voz de Sebastian lo detuvo:
―No necesitas hacerlo.
―¿No quieres?― preguntó Dante confundido, sus ojos dorados le dieron una mirada tímida a Sebastian ―¿No te gusta que te lo hagan?
―¿Qué? No es eso― El Alpha había fantaseado con la idea de su esposo usando su boca para satisfacerlo, sin embargo, no quería ser egoísta y obligarlo a hacer algo con lo que no está cómodo.
―¿Entonces? ¿No te gusta que yo lo haga? No soy muy bueno, pero, intentaré no decepcionarte― Dante parecía a punto de echarse a llorar, de alguna forma se sentía rechazado por su pareja y eso lo llenó de una profunda tristeza y lo hizo pensar que... ¿Y si estaba forzando las cosas?
―Mi amor― Sebastian notó el cambio de ánimo en Dante y de inmediato supo que había cometido un error ―No lo has hecho antes, creí que no te gustaba hacerlo― explicó el Alpha haciendo que sus dedos acaricien las mejillas sonrojadas de su esposo ―No quiero que te fuerces por mi causa, si no estás cómodo no necesitas hacerlo.
―Pero, yo quiero― se apresuró a corregir Dante ―Ahora estamos casados, quiero demostrarte mis habilidades.
―Mi ángel travieso ¿guardaste esto para nuestra luna de miel?― preguntó Sebastian complacido encontrando un asentimiento entusiasta en Dante como respuesta ―Si es así, ayúdame a aliviar mi deseo con tu boca.
El Omega sonrió complacido y con más deseo que habilidad abrió la boca para llevar a su interior la cabeza de aquel pene grueso y caliente, el sabor no era desagradable como otros con los que tuvo experiencia anteriormente, llenó sus pulmones de aire en una respiración tranquila y con el trozo de carne chocando con su paladar y lengua inició la succión. Su boca estaba llena de ese miembro, su cabello se derramó sobre su rostro y sus labios presionaron con firmeza el pene de Sebastian para que no escapara de esa prisión en que se convirtió su boca.
El movimiento que inició con un ritmo lento, sin embargo, pronto ganó fuerza y Dante succionó tanto como pudo mientras sus manos sostenían la base y jugaban con ese par de testículos hinchados y duros. Pronto, las manos de Sebastian se aferraron a los cabellos desordenados de su esposo y tiraron de ellos con la fuerza suficiente para crear un dolor placentero, la succión continuó torturando al Alpha que, al final no pudo hacer más que empujar sus caderas buscando llegar un poco más adentro en la boca de Dante. Aquella boca se sentía tan bien como el interior del Omega, el ritmo era el correcto y los sonidos que escapaban de ambos se estrellaban en la habitación dando testimonio de lo obsceno de su amor; aquel pene azotaba la boca de Dante con desesperación y la cabeza se deslizaba hasta casi tocar su garganta, el rostro del Omega estaba completamente rojo y sus mejillas húmedas por las lágrimas, aquel desastre en que se había convertido lo hacía ver más que hermoso ante los ojos de zafiro del Alpha.
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DECADENCIA
RomanceÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
