DIECIOCHO
Brian y Erwin acordaron encontrarse para hablar del caso de la farmacéutica, el médico acudió sin entusiasmo alguno; era su día libre y pensaba pasar todo el día echado en la cama durmiendo, sin embargo, allí estaba en una cafetería cerca de la comisaría a las siete de la mañana acariciando la idea de pedir un café para el policía y envenenarlo. En principio aceptó hablar con ese oficial por hacerle un favor a Dante, después le pareció interesante lo que ese hombre le planteó y sobre todo, algo importante de ser investigado por las autoridades. Pero su deber ciudadano podía esperar hasta que durmiera suficiente, sin embargo, el policía no consideraba lo mismo y tuvo la descortesía de hacerlo venir tan pronto como salió del hospital.
―¿Otro café, guapo?― preguntó un camarero, Erwin vio su taza vacía y asintió en silencio, el joven rellenó la taza del líquido espeso y caliente para después marcharse a atender otras mesas dejando a Erwin sin la oportunidad de pedirse el desayuno.
―¿A qué hora piensa llegar este tipo?― gruñó malhumorado Erwin, estaba deshecho gracias a que hubo un accidente importante y el turno estuvo agitado, tampoco ha tenido mucho tiempo libre con el caso que investiga junto a Dante y, además, sus padres se fueron de viaje y dejaron a su cargo a sus dos perros de tamaño considerable que exigen ser paseados todo el tiempo.
Un mensaje llegó a su teléfono, era su madre pidiendo actualizaciones sobre sus hermanos, por suerte Erwin tenía un par de fotografías que la niñera le envió la noche anterior cuando fue a darles la cena así que las reenvió a su madre diciendo que todo estaba bien y él iba de camino a casa. Su madre no tardó en responder pidiendo que cuando llegara le hiciera una videollamada para saludar a sus amados hijos, Erwin suspiró agotado pensando que apenas entre a casa se sacará la ropa y caerá como un costal de piedras sobre la cama.
―¿Te dejaron plantado?― preguntó el mismo camarero regresando con libreta en mano dispuesto a tomarle la orden.
―Espero que no o voy a matar a ese imbécil― comentó Erwin con fastidio haciendo reír al camarero ―¿Puedes traerme un desayuno tradicional?
―Claro guapo ¿te agrego tocino por costo extra?
―Está bien y los huevos que sean revueltos.
―Trabajando tu desayuno― el camarero se marchó dejando una vez más a Erwin rumiando un par de ideas asesinas, agotado observó el movimiento de la calle por la ventana y notó algo en el puesto de periódicos sobre la banqueta, la revista Luv'Er tenía como portada la gala de los Valsco, la fiesta era tan grande y lujosa que atraía la atención de todo el país, además, era el evento perfecto para que la crema y nata se encuentre y se filtre información jugosa a las revistas del corazón.
Sus ojos repararon que, además de la portada, parecía haber una fotografía de Dante y su prometido en una esquina con un pequeño enunciado que no alcanzó a leer, afortunadamente el chico del puesto giró y notó cómo Erwin parecía interesado en la revista, con gestos le preguntó si deseaba comprarla y el médico asintió, no pasó mucho para que el jovencito entrase a la cafetería con la revista en mano y después de cobrar los catorce bliz que costaba su producto regresó a su puesto. Erwin sostuvo la revista y encontró que su visión no era mala y las personas en esa fotografía eran Dante y su prometido, el presidente del conglomerado Rauss-Schmied; la fotografía los presentaba posando juntos como una preciosa pareja que incluso combinó sus atuendos siguiendo el protocolo del evento.
―Es tan hermoso― murmuró Erwin observando el rostro de su colega, siempre lamentaría no haber expresado sus verdaderos sentimientos a tiempo, quizás si se hubiese confesado meses atrás las cosas serían diferentes y Dante tal vez se habría fijado en él, sin embargo, ahora estaba comprometido con otro hombre y también esperaba a su primer hijo.
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DECADENCIA
RomansaÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
