TREINTA Y OCHO
―¿Fuiste a casa primero por nuestro Danny?― preguntó Dante cuando estuvieron en el auto y Daniel en sus brazos.
―Pedí que lo llevaran al conglomerado― comentó Sebastian con calma ―También le pagué a Benny por su tiempo y le di un pequeño bono.
―¿Por qué? No era necesario que vinieras por mí o que trajeras a Daniel― el Omega, que sentía sus pechos a punto de explotar, se apresuró a alimentar al bebé que succionó con hambre la cálida y nutritiva leche de su madre.
―Lo dije en serio, quiero llevarte a cenar... hace mucho que no salimos juntos― Sebastian descansó la cabeza en el hombro de su esposo como un perro tonto y agregó: ―Y él no parece molesto porque lo hiciera venir por mamá, mira lo feliz que está allí, comiéndose lo que no me dejas probar.
―¿Qué tontería dices?― Dante soltó una risita ―Danny es un bebé, tú eres un adulto, hay una clara diferencia entre las necesidades y deseos de cada uno.
―Yo deseo y necesito comerte los pezones como lo hacía antes, él solo necesita alimento. Yo debería tener prioridad― se quejó comenzando a juguetear con un mechón del cabello de Daniel ―Míralo, tan pequeño y ya hizo que me eches de lado ¿qué hará cuando crezca?
―Sebastian, es tu hijo.
―Lo sé... pero, aún quiero hacerlo a un lado y comerte.
La mano traviesa de Sebastian viajó hasta una de las piernas del Omega y la masajeó suavemente, dejando que sus dedos se cuelen por el interior del muslo buscando una respuesta de su esposo. Quizás porque el Rut está cerca o, porque realmente extraña el cuerpo de su esposo, su deseo está al filo y, si no fuese por Daniel, seguramente llevaría a Dante a casa en ese momento para encerrarlo en la habitación y devorarlo.
―¿Por qué parece que vamos a la mansión Rauss-Schmied?― preguntó Dante apartando los pensamientos húmedos de su esposo.
―Antes de ir a cenar nos reuniremos con mi abuelo, dijo que viniéramos por un asunto importante.
―¿Trajimos a Daniel para que viera a tu abuelo y no porque querías una noche en familia?― el tono severo en Dante hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Sebastian.
―No es así, ya tenía el plan de ir a cenar contigo, pero, el abuelo llamó para pedir que nos reuniéramos y me pareció buena idea que Daniel también viniera a verlo.
El Omega observó al Alpha con duda, sin embargo, al final y tras un suspiro decidió creer en él. Sebastian no es el tipo de persona que retuerce tanto la verdad, o bueno, eso es lo que Dante ha aprendido desde que se conocieron.
―Esos tipos son espantosos― comentó el médico cambiando de tema.
―Lo sé, muy pocos Omegas de esas familias tienen algo de cerebro. Algunos se sienten con mucha confianza e intentan hacer cosas que no deben.
―¿Cómo cuales?― preguntó Dante interesado.
―Nada serio, no me hagas caso― evadió la respuesta el Alpha y Dante sospechó que le ocultaba algo, sin embargo, en ese momento llegaron a la mansión y decidió dejar la conversación para después.
Daniel aún succionaba el pecho de su madre con hambre y Dante dudó en salir del auto, sin embargo, terminó por cubrirlo con una manta gruesa y separarlo de su cuerpo prometiendo que cuando estuviesen adentro podría continuar comiendo. El bebé lloró, como era de esperar, irritado por ser separado del alimento que tanto le gusta y sobre todo, de la calidez de su mamá. Sebastian vio a su esposo arrullar a Daniel con voz suave, sus ojos se perdieron en cómo Dante se preocupaba por hacer sentir mejor a su hijo y su corazón se llenó de un sentimiento tibio que no supo identificar.
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DECADENCIA
RomanceÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
