PRIMAVERA: TREINTA Y CINCO

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TREINTA Y CINCO

―¡Maldita sea!― gritó Amelia cuando el notificador entregó una copia de la demanda dirigía a Louis por la filtración de información a Carlos Toro.

Mauricio observó a su abuela hacer una rabieta y se limitó a continuar leyendo los documentos frente a él, estaban en la oficina principal RS Cinema y el nieto no tenía interés en los problemas a los que su abuela y hermanos se metían. A pesar de la potencia de los gritos de Amelia, sus pensamientos se desviaron al recuerdo de una conversación días atrás. Después de la conferencia de prensa ofrecida por Sebastian y Dante, Mauricio visitó a su padre, a pesar de que rara vez intercambiaban más de dos palabras y mucho menos eran capaces de entablar una conversación, esa noche su padre parecía más que dispuesto a recibirlo.

―Estamos podridos― declaró Franco agregando leche a su café ―Mi padre ha ido muy lejos esta vez.

―Creí que compartirías las intenciones de mi abuela― respondió Mauricio sin emoción ―Fuiste su primer peón en este jueguito de poder contra el abuelo Lars.

―Conozco a mi padre, aunque deseo que tomes el poder de esta familia sé que sus métodos no son los adecuados― comentó Franco tras un jadeo lleno de cansancio ―No soy un hombre decente y también tengo fango en los zapatos, pero, atacar a una madre y a su hijo con algo tan terrible, no es algo con lo que estaría de acuerdo.

―Dices eso con tanta dignidad, pero sabías de la prueba de ADN que ella solicitó ¿no? ¿Por qué no la detuviste?

―Mi padre no me escucha, desde que mi enfermedad apareció y no pude ser útil en su juego nuestra relación cambió. No voy a contarte mi triste historia o buscar que dejes de jugar en su tablero, después de todo, también quiero que lo tomes todo. Tu primo no es mala persona pero es débil, frágil ante las decisiones difíciles, por el contrario, tú no dudarás en derribar a quién sea necesario para llevarnos a la cima. Te quiero en el poder y es lo único que comparto con mi madre.

―En eso te equivocas papá, existe una excepción para mí, yo también soy débil ante alguien.

―¿Acaso te enamoraste? Dime ¿sobre quién no pasarías para hacer de nuestra familia la mejor?― preguntó Franco con interés y un ligero tono de incredulidad.

―Dante Ridreck-Hook.

―¿Acaso quieres robarle el esposo a tu primo?

―No comprenderías mis razones, tampoco perderé el tiempo explicándolas, pero, ya que estamos hablando con sinceridad creí importarte mencionarlo.

Franco se echó a reír divertido, para sus adentros resumió las palabras de su hijo a un simple asunto del corazón, sin embargo, las razones de Mauricio eran más profundas. Aunque es innegable que Dante es el tipo de belleza que podría descongelar el corazón de Mauricio, él ya ha puesto sus ojos en alguien más; el asunto entre Dante y él es algo diferente, complicado y simple a la vez.

―¡¿No piensas decir nada?!― los gritos de su abuela hicieron que lo sacaron de los recuerdos de golpe.

―¿Sobre qué?― respondió con calma.

―¿Cómo solucionaremos esto? ¿Cómo salvaremos a tu hermano de la demanda?

―No recuerdo haberle ordenado hacer algo tan estúpido, si tú y él decidieron hacer un movimiento tan arriesgado y estúpido ese no es mi problema así que, no voy a intervenir.

―¡Es tu hermano!

―Repito, no fui yo quien le pidió que atacara al esposo e hijo de Sebastian, creo que era un resultado lógico si te pones a pensarlo. Atacar a una madre y a su hijo públicamente, difundir rumores e intentar utilizarlos para causar daño a la imagen de Sebastian, no veo por qué ese imbécil se quedaría de brazos cruzados. Además, tú fuiste quién pidió la prueba de ADN, este asunto lo iniciaste tú, así que arréglalo como puedas, seguramente hallarás una forma.

DECADENCIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora