DIEZ
Dante sintió su cuerpo temblar cuando Sebastian le arrancó aquellas delicadas prendas del cuerpo con un hambre desesperada, aunque no era la primera vez que tenían sexo, la forma con que Sebastian estaba dispuesto a tomarlo en esa ocasión era salvaje e instintiva, llena de deseo y lujuria. Las manos grandes y calientes del Alpha amasaban su trasero con movimientos rápidos y su boca chupaba sus pezones arrancándole sonidos por demás lascivos; las feromonas amaderadas del Alpha presionaban sus sentidos y estimulaban su cuerpo creando la lubricación natural y la dilatación del canal hambriento por ser profanado, además, sus propias feromonas se habían vuelto locas buscando atraer más a su pareja, la idea de seducir a ese hombre hasta el punto de hacerlo suyo estaba consumiendo todo rastro de cordura.
La erección de Sebastian rozaba la entrada jugosa del Omega causando una corriente eléctrica en él, Dante se retorcía en una mezcla de desesperación y deseo cada vez que sentía la cabeza carnosa y caliente resbalarse en la dirección incorrecta, podía ver la mirada casi maliciosa de Sebastian dirigirse a él cada vez que le negaba el placer de absorberlo en su interior, los dedos largos del hombre apretaban sus nalgas y se resbalaban por el camino ya empapado entre ellas. Aquello comenzaba a ser un suplicio difícil de soportar y, como contraataque decidió tomar por la barbilla a su pareja y buscar sus labios para chuparlos de forma superficial; una de sus piernas apresó la cintura del Alpha advirtiéndole que él también pude jugar si continúa sin darle lo que necesita.
―Me prometiste un bebé― susurró con un tono grave y seductor ―Y yo quiero tener un bebé, pero, te estás tardando...
Dante chupó una vez más los labios de su pareja y, cuando él buscó profundizar el beso se negó a ello alejándose, la mirada de Sebastian demostró la molestia y frustración que sentía por el rechazo de su pareja y las manos que sostenían el trasero del Omega apretaron con fuerza la abundante carne para advertirle que no estaba jugando y no aceptaría que su delicioso Omega se rehúse a él.
―¿Debería buscar a otra persona? Quizás ¿llamar a otra pareja?― El Omega provocó a su Alpha sabiendo que una amenaza como esa le conseguiría lo que tanto anhelaba.
―¿A quién quieres llamar Ángel? ¿A ese imbécil de tu exnovio? ¿Crees que él te puede hacer sentir mejor que yo?― pronunció Sebastian con voz de trueno mientras uno de sus largos dedos entraba en el conducto cálido y palpitante del Omega buscando estimularlo, sus movimientos resultaban rápidos y descuidados, sin embargo, arrancaron un par de jadeos de los labios de Dante ―Escúchame bien Ángel, te voy a anudar tantas veces como sea posible, te voy a embarazar y te marcaré porque no puedes ser de nadie más, eres mío, solo mío y no dejaré que lo olvides.
―Márcame, embarázame y átame a ti si crees que puedes hacerlo― retó Dante con una sonrisa burlona que intentaba disimular las olas de placer que comenzaban a mover el interior de su cuerpo.
Dante pronto vio su sonrisa desaparecer cuando el Alpha usó una de sus manos para tomarlo de la barbilla y obligarle a besarlo, la lengua demandante se frotaba con la propia haciendo que el roce le hiciera experimentar otra forma de placer. A medida que el número de dedos en su interior comenzaba a aumentar sus caderas también se movieron por su cuenta buscando clavarse en ellos para guiarlos hasta el sitio donde la semilla del Alpha debe reposar y generar una nueva vida; la cama se convirtió un desastre mientras ambos permanecían enredados sobre ella moviéndose con hambre, deseando la fertilidad y reconociéndose como el dueño del otro.
―Apenas te toqué y estás tan mojado― Sebastian dijo aquello haciendo chocar sus dedos con las paredes interiores del Omega ―¿Puedes decir que alguien más te ha hecho sentir tan bien como lo estoy haciendo?
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DECADENCIA
RomanceÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
