VERANO: CUARENTA

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CUARENTA

Dante se estiró sobre la cama como un gato perezoso, el plan era que tras la cena recogerían a Daniel y volverían a casa, sin embargo, Lars no los dejó regresar. Era tarde para conducir con el bebé y la lluvia se desató sobre la ciudad, así que terminaron pasando la noche en la mansión, Daniel ocupó la cuna en la habitación que seguramente Lars preparó por si se daba la ocasión y ellos en una habitación conectada a la de su hijo, compartiendo una enorme y suave cama. Por supuesto que el abuelo también envió algo de ropa, aunque, toda era de cuándo Sebastian vivía allí, por lo que nada resultó ser de la talla de Dante.

―No te muevas así o no responderé por mis actos― la voz del Alpha advirtió desde fuera de la cama dónde veía a su esposo retozar sobre las mantas envuelto apenas en una camiseta vieja de Sebastian lo suficientemente ancha para que pueda usarla para dormir. Las piernas de Dante quedaban al descubierto y la curva de su trasero sobresalía bajo la prenda, una imagen más que tentadora para el Alpha.

Dante devolvió la mirada a su esposo y, con un tono juguetón salpicado de los efectos del vino dijo:

―Seb... Tengo frío ¿por qué no vienes a la cama?

Las mejillas rosadas y esos ojos vidriosos eran una invitación clara para Sebastian, un mensaje de lo que su esposo desea y él, no se atrevería a dejar a Dante con el antojo.

―Debería darte vino cada noche― sonrió el Alpha aflojándose la corbata y enviándola fuera de su cuerpo junto a su chaqueta, más que dispuesto a cumplir con sus obligaciones matrimoniales.

Dante rio con bobería, los tres tragos de vino que tomó en la cena lograron arrancarle el miedo a pedir que su esposo lo atienda. En muy pocas ocasiones es él quien lo inicia, cuando está sobrio la sombra del contrato lo persigue y frena sus deseos, sin embargo, esa noche podría echarle la culpa al alcohol por las terribles ganas que tiene de arrancarle la ropa a su esposo y montarse en él para cabalgar hasta el amanecer.

―Oh, ángel ¿sabes lo que provocas?

―Lo sé― respondió Dante con una sonrisa traviesa ―Puedo verlo.

Los ojos del Omega se dirigieron a aquel trozo de carne duro y emocionado que saludaba bajo los pantalones de su esposo.

―Espero que no te quejes cuando lo ponga dentro de ti.

La ropa del Alpha desapareció rápidamente y pronto subió a la cama para atrapar a ese precioso y coqueto Omega que esa noche rogaba por ser atendido.

―Han pasado algunos días― comentó Dante bajo el cuerpo caliente y pesado de Sebastian.

―Dos semanas, han pasado dos semanas― aclaró el Alpha con una sonrisa hambrienta.

―¿Cuentas los días?― se burló Dante.

―Y las horas, los minutos y segundos― Sebastian no esperó más y buscó los labios de su esposo en un beso jugoso y desesperado, sus manos se deslizaron bajo aquella vieja camiseta encontrando la piel suave y tersa que tanto le gusta.

―¿Me extrañaste?― preguntó de forma juguetona Dante dejando que una de sus piernas se enrede alrededor de la cintura de Sebastian atrayéndolo a él y permitiendo que la única prenda sobre su cuerpo se deslice fuera para ofrecer su desnudez al Alpha.

―Mi amor, si pudiera viviría enterrado en ti― la respuesta del Alpha llegó acompañada de una mano traviesa que apretó el trasero carnoso del Omega.

Dante tembló ansioso de ser devorado por su esposo, experimentando como la punta de ese miembro comienza a chocar con su muslo interior, su cuerpo deseando con locura ser atravesado por la lanza dura de ese hombre.

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⏰ Última actualización: 6 days ago ⏰

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