PRIMAVERA: VEINTISIETE
Lars y Dante coincidieron en el elevador rumbo a la oficina de Sebastian, el abuelo sonrió tan pronto como vio a su nieto político y el Omega no pudo hacer más que saludar con un abrazo cariñoso y preguntarle cómo ha estado en esos días. El abuelo fue puesto al tanto del tratamiento al que Dante decidió someterse para cuidar del bebé cuando nazca, sin embargo, al igual que Sebastian y cualquier persona que veía al Omega le resultaba imposible no creer que esa barriga que se asoma bajo su ropa es real; el objetivo fue hacer que su esposo conectara con el bebé antes de que nazca, hacerlo consciente de su paternidad próxima, sin embargo, no esperaba que hasta el abuelo Lars enloqueciera con el asunto creyéndose que en realidad Dante está embarazado.
―¿Cómo va el embarazo? ¿Te has sentido bien? ¿Necesitas algo? Si tienes algún antojo no dudes en pedirlo, si mi nieto no lo cumple puedes llamarme y yo lo conseguiré para ti― dijo el viejo con un tono cariñoso.
―Estoy bien con los antojos― Dante sonrió a Lars ―Y los malestares son pocos así que no sufro tanto, todo está bastante bien.
―Y mi nieto ¿está tratándote bien?
―Lo hace, aunque trabaja mucho siempre tiene tiempo para mí.
―Dime si te hace sufrir, yo lo corregiré― prometió el abuelo acariciando los cabellos suaves de Dante ―No tiene permitido hacerte sufrir, gracias a ti nuestra familia tendrá a un heredero, no mereces menos que todo lo que desees.
―Abuelo Lars, usted es muy amable conmigo, pero ¿por qué? Aunque Sebastian y yo estemos casados usted conoce la naturaleza de nuestra relación.
Lars suspiró dejando que su mirada se pose en Dante y tras unos segundos de silencio respondió:
―Me agradas Dante, eres honesto y estás comprometido con lo que te hemos pedido hacer, cuando Sebastian dijo que serías su esposo te investigué y no puedo estar más que admirado de cómo aprendiste a sobrevivir después de lo que tus padres hicieron. Eres filial, amas a tu familia sobre todas las cosas y no tienes los vicios y ambiciones de las personas que crecieron entre grandes lujos... Además, yo siempre quise tener un hijo o una hija Omega, así que tal vez es mi viejo corazón el que está un poco agradecido de poder tener a un Omega para consentir.
―Usted también me agrada, cuando lo atendí por primera vez en consulta me cayó bien y seguramente disfrutaría de seguir siendo su médico si nuestros caminos no se hubiesen cruzado de la forma en que lo hicieron; sobre las ambiciones y todo eso, después de todo lo que he vivido solo quiero tener una vida tranquila, saber que puedo llegar a fin de mes, trabajar, cuidar de mi abuelo... aunque sí que tengo una ambición, yo también codicio algo.
―¿Sí? ¿Qué es? ¿Qué puede codiciar tu corazón?
―Una familia. Hijos, un esposo real, un hogar... Quiero una vida sencilla llena de amor, esa es mi ambición, pero, no se preocupe porque no codicio a Sebastian, él será libre cuando el tiempo llegue.
―Lamento que tu felicidad deba esperar por nuestra causa.
―Estoy bien con esto, yo acepté lo que Sebastian propuso y tampoco soy infeliz, Sebastian es un buen compañero y vivimos bien juntos, además, en mi vida no existe nadie a quién desee amar en estos momentos, así que cuidar y amar al hijo de Sebastian está bien para mí por ahora.
―Y en el pasado ¿hubo alguien?
―¿Qué?
―Sebastian dijo que ya tienes a alguien en el corazón ¿es cierto?
Dante suspiró profundamente sin saber qué responder, sabía que la mención de Erik solía deteriorar rápidamente sus relaciones, sin embargo, no era Sebastian quién preguntaba sino Lars, así que tal vez no sería tan peligroso mencionarlo, pero, realmente ¿qué sentido tiene hacerlo? Erik es un fantasma que jamás volverá, aunque una leve esperanza vive en su corazón está agotado de esperar y no hay una razón para aferrarse con tanta fuerza a él cuando su vida le exige enfocarse en alguien más.
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DECADENCIA
RomanceÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
