PRIMAVERA: VEINTICINCO

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PRIMAVERA: VEINTICINCO

―¡Ese imbécil siempre te gana en todo!― gritó Amelia furiosa enviando un cenicero en dirección de la cabeza de Louis que no acertó a esquivarlo por completo y terminó con parte de la frente chorreando en sangre.

Mauricio, para quien iban dirigidas las palabras de su abuela torció la boca en un gesto de desagrado por el comportamiento de ella, pero, no dijo nada.

―Se casó antes que tú y ahora tendrá un hijo antes que tú ¡Y por supuesto que ya lo ratificaron como presidente del conglomerado!― chilló ella con la cara roja de coraje.

―Era imposible detener la ratificación― comentó con ligereza Mauricio ocultando como la envidia hervía en su interior ―El idiota se consiguió un Omega de buena apariencia, linaje antiguo y buena educación, una joya difícil de encontrar. Calculó perfectamente sus pasos, además, tampoco podíamos ganar mucho cuando la auditoría reflejó todas las estupideces que este IMBÉCIL hizo― con severidad dirigió una mirada afilada a su hermano mayor que seguía sangrando en silencio sin atreverse a mover un solo músculo.

―Debes casarte― anunció Amelia con un brillo extraño en los ojos, como si hubiese encontrado la respuesta a una gran pregunta ―Bea es buena chica, su familia nos apoya y sus conexiones podría hacerte un gran candidato para la presidencia del conglomerado si Sebastian llegase a caer por alguna razón.

―¿Vas a sabotearlo?― se atrevió a preguntar Louis con una voz apenas audible.

―¿Quién te dio derecho a hablar?― regañó a su nieto.

―Escucha abuela, no pienso casarme con esa mujercita― Mauricio se puso de pie con una actitud decidida y añadió: ―Bea es estúpida, no es digna de formar parte de nuestra familia.

―¿Y quién sí lo es según tú? Porque no veo otros candidatos que puedan darte tantos beneficios como ella.

―Soy bueno en mi trabajo, no necesito casarme para que los demás lo sepan, no jugaré en el juego de mi primo.

―El juego de tu primo es el mismo que los socios juegan, no seas imbécil y piensa bien las cosas.

―Las he pensado bien y mi respuesta es la misma que te di hace un par de años, puedes pedirme lo que sea y lo haré, incluso he aceptado ir a citas y soportar a cada personaje para que puedas obtener algunos beneficios, pero, jamás dejaré que escojas con quién debo casarme.

―¿Qué? ¿También quieres casarte por amor como lo hizo Sebastian? ¿Sueñas un bonito cuento de hadas?― se burló Amelia ―Mauricio, creo que te dejé muy claro lo que pienso de tus gustos. No pienso permitir que nos arruines y arruines tu futuro por un capricho, si tanto te gusta solo ve y úsalo un par de veces, alivia tu deseo y después haz las cosas correctamente, no te crie para que comas de la basura y sabes que ese gusto pertenece al basurero.

―No te excedas― advirtió Mauricio ―Si quieres tener el poder de esta familia sabes mis condiciones, lo que haga en mi cama es mi puto asunto.

―Chiquillo imbécil― Amelia suspiró con calma ―No me hagas recordarte quién es tu abuela, te he tratado con amabilidad los últimos años, pero, no olvides que así como no me importó dejar de apoyar a Briana también puedo quitarte todos los beneficios, además, no me temblará la mano si quiero prenderle fuego a tu puño de basura.

Mauricio apretó la mandíbula con molestia, sin embargo, no se atrevió a responder y salió del lugar con largos y pesados pasos sabiendo que su abuela siempre cumple sus amenazas y, aunque ambos tienen el mismo objetivo, él tiene un punto débil que no puede y tampoco desea borrar.

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